El 22 de diciembre de 2025 el presidente de Estados Unidos, Donald Trump anunció una nueva clase de “acorazados” que serán 100 veces más potentes que los acorazados anteriores y más grandes que cualquier otro buque de combate de superficie en los océanos.
Aunque la promesa luce rimbombante, Mark F. Cancian, coronel reserva del Cuerpo de Marines de Estados Unidos retirado, compartió una serie de observaciones como asesor principal del Departamento de Defensa y Seguridad del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (Center for Strategic and International Studies, CSIS) en Washington, D.C.
Publicidad
Afirmó que el ambicioso plan de construir una nueva clase de acorazados para la Armada estadounidense “nunca zarpará”, debido a su elevado costo, complejidad técnica y falta de alineación con la doctrina naval actual.
Según Cancian, el diseño de los nuevos buques conocidos preliminarmente como clase BBG requeriría varios años de desarrollo y su construcción rondaría los 9 mil millones de dólares por unidad, una cifra que, advierte, podría dispararse rápidamente.
Publicidad
“El diseño tomará años, su construcción costará 9 mil millones de dólares cada uno y contraviene el nuevo concepto de operaciones de la Armada, que prevé una potencia de fuego distribuida”, afirmó.
El costo estimado de uno de los buques propuestos asciende a 9.1 mil millones de dólares
El analista considera improbable que el programa llegue a concretarse bajo administraciones futuras. Está convencido de que una eventual gestión posterior “cancelará el programa antes de que el primer buque llegue al agua”.
Pese a ello, estima que en caso de avanzar el primer acorazado nombrado USS Defiant (BBG-1) entraría en servicio a principios o mediados de la década de 2030.
Cancian subraya que los números preliminares ya resultan alarmantes, pero podrían empeorar. Como referencia, recordó que los destructores DDG‑51 Flight III, de 9.000 toneladas, cuestan unos 2.8 mil millones de dólares cada uno.
Los nuevos acorazados serían cuatro veces más grandes, y aunque no necesariamente cuadruplicarían su precio, sí representarían una inversión exponencialmente mayor.
El costo estimado de uno de los buques propuestos asciende a 9.1 mil millones de dólares.
Y agrega que el primer barco de cualquier clase suele ser 50% más costoso, lo que elevaría el precio del BBG‑1 a alrededor de 13.5 mil millones, un monto comparable al de un portaviones estadounidense.
“La inflación en el sector de la construcción naval podría aumentar aún más la factura”, advirtió.
Aunque reconoce el acierto de destinar recursos a incrementar la flota, Cancian sostiene que el programa BBG implica un “riesgo extremadamente alto”.
“Cuando se conozcan el costo total y el cronograma, es casi seguro que el programa se cancelará”, aseguró. “Pero esto podría ocurrir después de años de inversión y miles de millones de dólares ya gastados”.
Para el experto, la prioridad debería ser fortalecer la capacidad naval actual.
“La Armada necesita construir buques ahora, en lugar de iniciar largos programas de desarrollo que tardarán años en producir capacidad útil, si es que alguna vez lo hacen”.
Para Cancian la vía más eficiente para expandir la presencia naval de Estados Unidos es modernizar diseños existentes, probados y aumentar su producción, en lugar de apostar por proyectos totalmente nuevos cuyo retorno operativo es incierto. (I)