<b>Los terremotos podrían desempeñar un papel clave en la formación del oro. </b><a href="https://www.eluniverso.com/estados-unidos/estilo-de-vida/" target="_self" rel="" title="https://www.eluniverso.com/estados-unidos/estilo-de-vida/"><b>Las sacudidas sísmicas</b></a><b> generan cargas eléctricas en vetas de cuarzo</b>, capaces de atraer el oro disuelto en fluidos calientes y ayudar a que se solidifique dentro de las rocas.De acuerdo a un estudio publicado en <a href="https://www.nature.com/articles/s41561-024-01514-1" target="_blank" rel="" title="https://www.nature.com/articles/s41561-024-01514-1">Nature Geoscience</a>, desde hace décadas los geólogos han sabido que muchos depósitos auríferos se originan cuando fluidos ricos en minerales circulan por fracturas de la corteza terrestre durante procesos de formación montañosa.Aunque estos fluidos contienen cantidades mínimas de oro, algunas vetas albergan pepitas grandes, lo que ha planteado la interrogante de cómo se pasa de trazas microscópicas a masas sólidas visibles.<b>Este mineral es químicamente resistente, pero suele encontrarse junto al oro en depósitos formados en zonas sísmicamente activas</b>, se trata de regiones afectadas por colisiones tectónicas y repetidos movimientos de fallas, que muestran esta asociación, un fenómeno que ha intrigado a los especialistas durante años.<b>La clave está en una propiedad física del cuarzo: su carácter piezoeléctrico.</b> Cuando las ondas sísmicas comprimen los cristales en zonas de falla, se generan pequeñas cargas eléctricas, por ello, los científicos se propusieron determinar si estos pulsos eléctricos eran suficientes para movilizar el oro presente en los fluidos subterráneos.Experimentos de laboratorio con cristales de cuarzo, sometidos a presión dentro de fluidos con oro disuelto, demostraron que<b> la tensión sísmica puede producir voltajes capaces de desencadenar reacciones electroquímicas.</b>Bajo estas condiciones, el oro se deposita como nanopartículas sobre el cuarzo; una vez formada una película metálica, esta facilita la acumulación posterior durante nuevos eventos sísmicos.Con el paso del tiempo y tras miles de terremotos,<b> estas partículas microscópicas se conectan formando redes densas</b> que recubren las grietas rocosas. Así, las pepitas que hoy se encuentran en vetas o ríos serían el resultado de innumerables ciclos sísmicos, lo que refuerza la idea de que el oro es un recurso extremadamente lento de formarse y, en la práctica, no renovable a escala humana.<b>(I)</b>