Cuando se desprendió de la plataforma de hielo Filchner, en 1986, era apenas nombrado, pero tenía el tamaño de un país pequeño. Permaneció décadas desplazándose en aguas antárticas sin hacer mayor ruido, pero actualmente hay mucho que decir sobre el iceberg A-23A.

A finales de 2025, una imagen satelital reveló que su superficie se había tornado de un color azul intenso. El cambio visual fue notorio, considerando que antes se veía blanco, y los expertos sugieren que este hecho es un síntoma de deterioro irreversible que podría significar su desintegración.

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¿Qué dicen los expertos del iceberg?

“La persistencia de la estructura interna, combinada con el derretimiento superficial, está acelerando la inestabilidad del iceberg. Los investigadores que monitorean su estado prevén una mayor fragmentación a medida que las temperaturas se mantengan altas durante el verano austral”, revela el informe del portal web IndianDefenceReview.

Lo que se desprendió con 4.000 kilómetros cuadrados, a principios de este año se había reducido a 1182 kilómetros cuadrados, según lo estimado por el Centro Nacional de Hielo de Estados Unidos. Esto en el contexto de condiciones oceánicas desfavorables, en las que las temperaturas superficiales rodean los 3 grados celsius, la luz solar aumenta y los cielos se mantienen despejados.

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Varios “megabers” circulan por el antártico, con cierta estabilidad pero bajo máxima observación Foto: CPL PHIL DYE RAF / CROWN COPYRIGHT

El estudio de estos fenómenos ayuda a explorar la mecánica de los icebergs, en un momento en el que varios “megabers” circulan por el antártico, con cierta estabilidad pero bajo máxima observación.

(I)

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