Stephen Hawking, uno de los científicos más influyentes del siglo XX y XXI, dejó un legado sobre la manera en que comprendemos nuestro lugar en el universo.
Su genio no fue frenado siquiera por la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) que lo mantuvo inmovilizado en una silla de ruedas. Se convirtió en un símbolo para la ciencia y para las personas con alguna discapacidad.
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Hawking insistió en que debíamos mirar a las estrellas y no a los pies, que la curiosidad es la fuerza que mueve el progreso humano y que incluso ante la adversidad extrema siempre hay algo que podemos hacer para avanzar.
Hawking nunca rehuyó las preguntas más profundas y existenciales, incluso aquellas que incomodan.
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En una entrevista con The Guardian en 2011, afirmó una de sus reflexiones más citadas: “Considero el cerebro como una computadora que dejará de funcionar cuando sus componentes fallen… No hay paraíso ni otra vida para las computadoras averiadas: ese es un cuento de hadas para la gente que le teme a la oscuridad”, refiere el sitio oficial Stephen Hawking.
Esa franqueza, a menudo acompañada de humor seco, le permitió conectar con audiencias mucho más allá de los laboratorios y universidades.
La filosofía de Stephen Hawking estaba marcada por una voluntad de vivir con intensidad
En un discurso de 2017 en la Unión de la Universidad de Cambridge, Stephen Hawking recordó cómo la enfermedad le obligó a reevaluar sus prioridades: “Cuando te enfrentas a la posibilidad de una muerte prematura, te das cuenta de que vale la pena vivir y que hay muchas cosas que quieres hacer”.
Y vaya si las hizo: libros superventas, participación en debates globales, apariciones televisivas e incluso experimentos conceptuales sobre los límites del tiempo y la física moderna.
Hawking también fue una de las voces más influyentes en torno al futuro de la inteligencia artificial.
En la conferencia Web Summit de 2017 expresó una mezcla de cautela y esperanza: “Soy optimista y creo que podemos crear IA para el bien del mundo… simplemente necesitamos ser conscientes de los peligros, identificarlos, emplear las mejores prácticas y gestión posibles, y prepararnos para sus consecuencias con suficiente antelación”.
De nuevo, ese delicado equilibrio entre advertencia y optimismo reflejaba su visión: el conocimiento es poder, pero también responsabilidad.
El 14 de marzo de 2018, Hawking falleció en su casa de Cambridge, en una fecha que coincidía con el cumpleaños de Albert Einstein como si el universo le rindiera homenaje a este genio.
Sus cenizas descansan junto a las de Isaac Newton y Charles Darwin, bajo la inscripción: “Aquí yace lo que era mortal de Stephen Hawking”. (I)