Bryan Carabalí es uno de los cientos de deportistas esmeraldeños que por falta de apoyo de las autoridades deportivas de su provincia debieron emigrar a otras ciudades donde encontraron la oportunidad de crecer como persona, en la actividad que realizan y a nivel profesional.

Futbolistas se cuentan por cientos los que ha salido de la provincia verde y han destacado en el ámbito internacional, atletas, luchadores, voleibolistas, nadadores han sido quienes encontraron abrigo en otras provincias e hicieron su carrera deportiva y, en ocasiones, hasta en lo profesional.

A ese grupo de migrantes deportivos de Esmeraldas se une el basquetbolista Bryan Carabalí, que nacido en Calderón, población de la cabecera cantonal de San Lorenzo, triunfa y por su estatura, de 2,15 metros, es una de las figuras en el equipo Quimsa, de Argentina.

Su talla y calidad técnica lo hicieron merecedor a una nota en la página web de la Federación Internacional de Básquet Amateur (FIBA)(http://www.fiba.basketball), donde destacan su desempeño como jugador.

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La nota resalta que Calderón está a unos 20 minutos de la ciudad cabecera del cantón de San Lorenzo, en la provincia de Esmeraldas, al noroeste de Ecuador, casi a orillas del océano Pacífico. En ese pequeño pueblo de alrededor de 150 habitantes nació Bryan Carabalí.

Si bien Ecuador tiene ocho ciudades que superan los 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar, el techo del país es este joven de 21 años, que mide 2,15 metros y es uno de los pívots de Quimsa de Santiago del Estero.

“Desde pequeño he sido alto. A los 14 años empecé a desarrollarme mucho y a sacarles diferencia a los chicos de mi edad. Cuando recién había ingresado al bachillerato medía 1,83 m. Pasó un buen tiempo hasta que me volví a medir, ya estaba en los 2 metros y me sorprendí. Seguí hasta los 2,15 de ahora”, dice Bryan, algo tímido en el inicio de la conversación con Pablo Cormick para la página de FIBA.

Ángela y José Héctor, más conocido como Pepe, oscilan entre 1,70 m y 1,75 m. Ellos son la madre y el padre de Bryan. “En mi familia, tanto de parte de mi mamá como de mi papá, hay personas altas pero dentro de algo más habitual. El único que sobresale, además de mí, es Darwin, un tío que mide 2 metros”, explica Bryan, quien hoy es el ecuatoriano más alto.

El deporte que le llamaba la atención a Bryan era el fútbol: “Jugábamos en las calles y también entrenábamos en algunas canchas. Íbamos en grupo a una escuela de fútbol para probar y ver si se nos daba la oportunidad de salir a otra ciudad a jugar”.

A pesar de su notable altura, el básquetbol no le interesaba. “Un primo de mi padre que les enseñaba a los chicos fue el primero que me invitó. Sin saber que éramos parientes, me vio tan alto que me convocó. Pero lo rechacé. Le dije que no me gustaba. Había puesto por equivocación un partido en televisión, pero no entendía nada de básquetbol. Estaba tan obsesionado con ser futbolista profesional que no pensaba en otra cosa”.

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Hasta que la oportunidad inicial de practicar el deporte en el que Carabalí hoy es profesional se decantó. Cursaba la secundaria en el Colegio Técnico San Lorenzo, una institución religiosa. “Me iba mal en una materia de la escuela y me propusieron jugar un torneo intercolegial y no me pude negar. Me enseñaron los movimientos básicos, aprendí rápido y me fue bien. Desde ahí comenzó a gustarme el básquetbol”, recuerda Bryan.

“Después empecé a jugar campeonatos en San Lorenzo. Una vez nos enfrentamos a un equipo reconocido de Ecuador, Asociación Deportiva Naval (ADN). Me vieron y me quisieron reclutar, que fuera marino y jugara para ellos. Pero a mí no me interesaba esa vida”, dice Bryan. Y sigue: “Cuando terminé la secundaria, tomé la decisión de ir a otra ciudad porque en mi pueblo es muy difícil salir adelante. Yo había reunido dinero para el pasaje, incluso le pedí al alcalde del cantón de San Lorenzo que me diera para comprarme unas zapatillas de básquet y como a él le gustaba el deporte lo hizo. Sin embargo, no usé lo que me dio para zapatillas sino para completar lo que necesitaba para viajar. Pero mi padre y mi madre no querían que me fuera. Igualmente me fui a Guayaquil a la casa de una tía. Si bien ella trabajaba, yo debía aportar para comprar comida porque no alcanzaba”.

Las zapatillas que no había podido comprarse, Bryan las recibió de regalo, aunque dos números más grandes. De todos modos las usó. No tenía otras. Tras un par de idas y vueltas y por un contacto con la Federación Ecuatoriana de Básquet, cuya sede está en Guayaquil, llegó una oferta. “Apareció el equipo ADN, contra el que había jugado, y me volvió a convocar con un apoyo económico. Así comencé a jugar en la Liga Nacional de Ecuador. Todo fue muy rápido”, dice Carabalí. “Ese fue mi primer trabajo. Mi padre nunca había querido que trabajara y solo una vez lo había hecho, sin su permiso, en carga y descarga de materiales. Se enojó y no volví más”, agrega Bryan.

El despegue fue veloz. Al enorme pívot ya lo observaban muchos en busca de desarrollar su carrera. Uno fue el entrenador argentino Lucas Gil, que trabaja en Ecuador desde 2017: “Yo dirigía en la Liga Nacional y cuando lo vi a Bryan intenté reclutarlo, pero no tuve los recursos necesarios para conseguirlo. Era un flaco larguísimo, pero con poca masa muscular. Intenté un tiempo después y él rechazó mi propuesta. No se veía como un jugador de básquetbol profesional”, recuerda el coach.

Mala experiencia internacional

El que vinculó a Carabalí con Liga Sorocabana de Brasil fue Raúl Cárdenas, un referente del básquetbol ecuatoriano. La primera experiencia en el exterior fue difícil para Bryan. “Estaba muy emocionado de poder viajar a otro país. Pero no me adapté. Extrañaba a mi familia y por esa razón no tenía hambre y me alimentaba mal. No entendía el idioma. Vivía en un complejo con otros jugadores que no eran de la ciudad. Apenas jugué unos partidos con los sub-22 y a los tres meses me dijeron que no iba a continuar en el equipo y que debía volver a Ecuador. Me puse muy triste porque sentí que había decepcionado a mi familia. En ese momento pensé que se había acabado todo”, dice Carabalí.

Bryan volvió de Brasil, entonces Cárdenas se contactó con Lucas Gil para buscarle un futuro al jugador. Si bien no llegaron a un acuerdo para que el joven continuara su carrera a las órdenes del entrenador argentino, este le consiguió un contacto para que viajara a Argentina y fichara en Quimsa. “Le abrí una posibilidad en el momento justo. Lamento no haber podido ayudarlo antes. Pero cuando tuve la opción, hice lo que habría hecho cualquier entrenador formador que quiere que a los chicos les vaya bien”, explica Gil.

La opción argentina fue un acierto. Bryan Carabalí crece a pasos gigantes. En la Basketball Champions League Americas 2019/2020 apenas jugó 1 minuto frente a Mogi por los cuartos de final. En la actual campaña, 14 minutos frente a Universidad de Concepción (2 puntos, 4 rebotes y 2 bloqueos) y presencia perfecta en los 38 partidos de la temporada regular de la Liga Nacional, con 4,4 puntos, 4,2 rebotes y 2,1 bloqueos por juego.

“Bryan tiene un físico muy atlético, es muy largo. Tiene que pulir su juego y perfeccionarse, ya que está en pleno aprendizaje. Vino con buenas capacidades coordinativas y eso hace que pueda incorporar fundamentos con facilidad. Ha crecido muchísimo en poco tiempo. Si sigue trabajando con las ganas que demuestra, tiene un techo muy lejano”, analiza Sebastián González, entrenador del campeón defensor del torneo más importante del continente.

El próximo desafío para Quimsa es el Final 8 de la BCLA, con Minas Tenis Clube de Brasil como primer rival. Pero Carabalí se permite mirar hacia un futuro algo más lejano: “Me gustaría llegar a una competencia superior. Miro mucho al Real Madrid en la Liga de España y me fijo en Eddy Tavares, de quien me gusta su juego y noto que tenemos características similares”. El pívot ecuatoriano sabe lo que le falta: “Debo agregar movimientos en ataque y controlar mejor el balón. Para eso miro lo que hace Joel Embiid en la NBA e intento copiarlo, pero todavía no me sale. También admiro a Giannis Antetokounmpo, por quien uso el número 34, y busco aprender de él”.

Aún en pleno desarrollo y crecimiento, Bryan tiene proyección para llegar muy alto. Sí, mucho más alto. (D)