Superados ya los cuatro minutos del tiempo añadido, en el enésimo saque de banda larguísimo al área, Adli remachó un barullo, dio la victoria en la última jugada del partido al Bournemouth, entre la euforia de Andoni Iraola, y golpeó al Liverpool, enfadado por el último 3-2 final y derrotado diez jornadas después en la liga inglesa.

El saque de centro posterior derivó en el pitido final, entre la apoteosis del estadio Vitality, con la segunda victoria de su equipo en sus últimos 14 encuentros ligueros, y la falta de explicaciones (también de excusas) del equipo ‘red’, que aún titubea, sin rastro del vigente campeón, sin el éxito de su millonaria inversión y con el pase a la Liga de Campeones ya como aliciente y límite en la ‘Premier’, tras cuatro empates seguidos y una derrota.

También sus lapsus en los partidos. No se puede entender en otro sentido la forma con la que concedió el 1-0 en el minuto 26. Van Dijk se pasó de confianza. Un exceso. De los mejores centrales del mundo en otro tiempo, contempló el escenario en el área, despejó a la nada y dio el margen suficiente para el pase atrás de Scott y el gol de Evanilson.

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La falta la pisó Salah y la colocó Szoboszlai por el palo del portero, con potencia y buena altura para establecer el empate del Liverpool entre las protestas de Andoni Iraola por una infracción visitante en la barrera.

Todo era incierto entonces, entre la expectativa de la victoria de los dos oponentes, entre la inseguridad del 2-2, con la reaparición de los locales por el otro área de forma repentina, mucho más presente en el desenlace que en todo el desarrollo para, también de pronto, ganar el duelo en el minuto 95.

(D)