Un 2026 de inicio intenso en la geopolítica. Este sábado, 3 de enero, el mundo amaneció con la noticia de una operación estadounidense en Venezuela que incluyó ataques a objetivos estratégicos del régimen de Nicolás Maduro.
La intervención derivó en la captura del sucesor del fallecido Hugo Chávez y de su esposa, la diputada Cilia Flores. Ambos fueron trasladados a Estados Unidos y comparecerán ante la justicia de ese país.
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Maduro, quien gobernaba en medio de reclamos de fraude en las últimas elecciones, es acusado de traficar cocaína a Estados Unidos, al igual que su cónyuge.
El accionar del gobierno de Donald Trump, quien incluso ha advertido con un segundo ataque a la recientemente nombrada presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha generado la inquietud de cómo esta situación puede incidir en el deporte: concretamente en el Mundial de Fútbol 2026, que del 11 de junio al 19 de julio tendrá como sedes a Estados Unidos, México y Canadá.
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El asunto surge a propósito del veto de la FIFA a Rusia a raíz de los ataques y la invasión a Ucrania. Tanto el ente máximo rector del fútbol mundial como la UEFA suspendieron a todas las selecciones nacionales y clubes rusos en las competiciones de ambas instancias hasta nuevo aviso.
Eso significó la exclusión de Rusia en el mundial de Qatar 2022.
Ricardo Vasconcellos Rosado, columnista de EL UNIVERSO, señala que actualmente no existe riesgo de que la intervención militar estadounidense en Venezuela provoque un retiro de la sede de la Copa del Mundo 2026 al país norteamericano.
Porque cuando la FIFA asigna una Copa del Mundo se apoya en tres pilares jurídicos, no en la política exterior del país anfitrión. Estos son:
- Estatutos de la FIFA
- Reglamento de la Copa Mundial
- Contratos de sede (host country agreements)
“Si un problema no afecta directamente a esos tres ámbitos, la FIFA tiene muy poco margen legal para actuar”, expresa el periodista deportivo, que integra la Academia Nacional de Historia del Ecuador.
A su vez, cuando a un país se le asigna la sede de una Copa del Mundo de por medio hay contratos jurídicamente vinculantes con la FIFA que incluyen garantías gubernamentales, cláusulas de indemnización multimillonaria, compromisos de seguridad y libre tránsito y protección legal para patrocinadores y delegaciones.
“La ruptura unilateral de esos contratos sin una causa directa relacionada con el torneo expondría a la FIFA a demandas muy cuantiosas. Por eso la FIFA es extremadamente cauta sobre la base de que retirar una sede es el último recurso, no una decisión política”, explica el columnista.
Vasconcellos sostiene que los estatutos de la FIFA sancionan a países solo cuando hay relación directa con el fútbol, por ejemplo, la interferencia del Gobierno en la federación nacional, discriminación de selecciones, jugadores o árbitros, incumplimiento grave de obligaciones futbolísticas o riesgo directo para la seguridad de la competición.
“En términos reales y jurídicos, solo escenarios extremos como negarse a recibir a ciertas selecciones, restricciones migratorias incompatibles con FIFA, falta de seguridad grave y comprobada e incumplimiento contractual de los países anfitriones podrían provocar el retiro de la sede. Una intervención militar en otro país, por sí sola, no cumple ninguno de estos criterios”, refiere el comunicador.
Por otra parte, el Reglamento de la Copa Mundial se enfoca en seguridad de los jugadores, árbitros y aficionados, el acceso sin discriminación a todos los participantes, las garantías logísticas, visas, transporte y estadios y la neutralidad deportiva del torneo.
Por ello, afirma el columnista de este Diario, “solo habría un problema real si alguna selección no pudiera ingresar a Estados Unidos; si hubiera boicots oficiales que afecten el calendario o si existiera riesgo objetivo para la seguridad del evento”.
Con él coincide Jorge Barraza, también columnista de EL UNIVERSO. Con experiencia cubriendo once mundiales, el periodista argentino expresa que la situación política de Venezuela no debería alterar en absoluto el normal desarrollo de la Copa Mundial en América del Norte, específicamente en Estados Unidos.
“El conflicto no está allí. Tampoco es probable que se extienda. Además, Venezuela ya ha sido descabezada desde el punto de vista presidencial con la captura de Maduro, por lo cual la situación en ese país parece distenderse”, analiza.
Y añade que, por otra parte, Venezuela no participa en el torneo mundial, lo que —a su juicio— elimina cualquier trastorno deportivo.
“Ojalá el pueblo venezolano pueda vivir el Mundial en paz y con alegría. La FIFA debería ceder gratuitamente los derechos televisivos del Mundial a Venezuela por esta vez. Sería una excelente contribución para el reencuentro de los venezolanos”, concluye el comunicador. (D)