El proceso de adaptación de Kendry Páez al fútbol europeo atraviesa su momento más complejo. El mediocampista ecuatoriano, cedido por el Chelsea al Racing Club de Estrasburgo, no ha logrado consolidarse en la Ligue 1 y su rendimiento empieza a generar serios cuestionamientos no solo desde lo futbolístico, sino también por aspectos extradeportivos.

La prensa francesa ha sido directa al calificar su situación como “precaria”, señalando que su impacto en el equipo ha sido mínimo y que tampoco su estilo de vida estaría alineado con las exigencias del alto rendimiento en Europa.

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Páez, considerado una de las mayores promesas del fútbol ecuatoriano, ha tenido escasa continuidad en el Estrasburgo, con pocos minutos y sin la regularidad que se esperaba de un jugador llamado a marcar diferencias.

Su participación ha sido intermitente, y en varios compromisos clave ni siquiera fue considerado en las convocatorias, una señal clara de que el cuerpo técnico no termina de confiar en él como una pieza determinante del plantel.

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Las críticas no se han limitado al terreno de juego. Medios franceses han puesto el foco en su proceso de adaptación fuera de la cancha, apuntando a que su estilo de vida “no es óptimo”, una frase que en el contexto europeo suele interpretarse como una alerta sobre disciplina, hábitos y compromiso profesional.

Este tipo de observaciones rara vez son gratuitas y suelen reflejar preocupaciones internas sobre la madurez del futbolista en un entorno altamente competitivo.

Desde Inglaterra, el panorama tampoco resulta alentador. La prensa británica ha vinculado el bajo impacto de Páez en Francia con su futuro en el Chelsea, club que adquirió sus derechos y que sigue de cerca su evolución.

Con la llegada de Liam Rosenior al banquillo de los blues, algunos analistas han advertido que, si el ecuatoriano no logra revertir su situación en Europa, podría quedar relegado en los planes a mediano plazo del club londinense, llegando incluso a hablarse del “principio del fin” de su proyección en Stamford Bridge.

A sus 18 años, Kendry Páez aún tiene margen para corregir el rumbo, pero el contexto europeo no suele esperar. El talento, que nadie discute, debe ir acompañado de constancia, adaptación y profesionalismo.

De lo contrario, el salto al fútbol de élite, que prometía ser un trampolín para su carrera, corre el riesgo de convertirse en una etapa marcada más por las dudas que por la consolidación. (D)