Titular por primera vez en lo que va de Eurocopa por unas molestias en el bíceps femoral, Robert Lewandowski tuvo la oportunidad de volver a sonreír en un torneo mayor con su selección y hacerlo, además, en la que fue su casa, en el Signal Iduna PArk, hogar del Borussia Dortmund en el que militó entre 2010 y 2014 antes de dar el salto al Bayern de Múnich.

Era un día especial para Robert. Todas las miradas se centraban en la vuelta de Mbappe y él se encargó de que, cuando pitó el árbitro, todas fueran dirigidas hacia él. Marcó el gol del empate, regaló un punto a su selección y alivió a la grada polaca, que no había visto nada de su equipo en las dos primera jornadas, completamente desdibujado, inferior a Austria y Países Bajos.

Ya eliminado pero con la cuenta pendiente de tener una buena despedida de la Euro en su primera titularidad, no negoció la intensidad. No paró de dar instrucciones, de caer al centro del campo a recibir y oxigenar la salida de balón, de pedirla al espacio, de estar fijando centrales dentro del área. Era su final particular. Y consiguió ser el protagonista.

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Porque cuando el colegiado señaló el penalti de Upamecano sobre Swiderski, todo el estadio supo que Lewandowski iba a ser el encargado. Cogió el balón, tomó carrerilla y falló. Estaba en su casa y la pesadilla rondaba por su cabeza, pero, tras un instante de incredulidad, fue el primero en pedir revisión porque Maignan se había adelantado.

No se equivocaba el ex Dortmund y el penalti tuvo que repetirse. Esta vez no falló. Eligió el mismo lado, pero ajustó mucho más, colocándolo inalcanzable para Maignan. Y así, con ese empate intrascendente para Polonia, muy relevante para Francia, segunda de grupo, y especial para el protagonista de la tarde, Robert Lewandowski volvió a celebrar en Signal Iduna Park un gol que, además, no hacía daño a su otrora equipo.

Fue un retorno especial, pero feliz. Un empate más que suficiente para Polonia, que pudo ganar, pero también perder.

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Lewandowski jugó 187 partidos y marcó 103 goles de 2010 y 2014. Una auténtica leyenda de este club alemán de amarillo con un estadio y un fondo míticos. “Soy aún más sentimental de lo que habría sido hace unos años. Estoy cambiando. Desde hace unos años veo la vida desde otra perspectiva. Recuerdos, lo que viví aquí... Recuerdo todos los partidos. Todavía hay gente que conozco aquí. Desde hace 10 años no estoy en la ciudad por poco más de unas horas. Lo recordaré el resto de mi vida”, dijo el día ante del partido.

Podría haber sido un partido más. Pero se encargó de que fuera especial con el gol decisivo. Lewandowski volvió a sonreír en el Signal Iduna Park, hizo a todos los aficionados del fútbol viajar unos años atrás el tiempo en una tarde que como él ya sabía, jamás olvidará. (D)