Estoy en el deporte hace ya largos 71 años, primero como nadador (sigo siéndolo, en la categoría máster). Fui juez de natación y saltos y dirigente en el orden nacional e internacional, y voy a cumplir 62 años de ejercicio profesional del periodismo de nuestro país y en el de Estados Unidos.
Esta columna no es autorreferencial, pero cito lo anterior porque quiero recalcar una verdad dolorosa: nunca vi al deporte ecuatoriano atravesar por una situación tan triste y oprobiosa como hoy.
Tal vez ni el abominable mandato de Luis Chiriboga Acosta en la FEF ensució tanto al deporte como lo han enlodado hoy el propio Gobierno y quienes dirigen algunos organismos deportivos.
Publicidad
El régimen actual decidió convertir al deporte en un campo de batalla en el que están comprometidos la imagen presidencial y su proclama de transparencia y honestidad.
En un acto de provocación se decidió nombrar viceministro de Deportes al dirigente más cuestionado del país no solo en el medio deportivo, sino por el propio Gobierno, que ordenó a la Unidad de Análisis Económico y Financiero (UAFE) un examen de los ingresos de Roberto Ibáñez Romero, presidente de la Federación Deportiva del Guayas.
La gran sorpresa en el medio deportivo es que, en lugar de castigo, Ibáñez fue premiado por el Ministerio de Educación nombrándolo viceministro de Deportes.
Publicidad
¿En nombre de qué medida de transparencia se otorgó el manejo del deporte nacional a quien se acusa de supuesto enriquecimiento ilícito con el abuso de los fondos federativos? ¿Podría responder a esta pregunta José Julio Neira, secretario de Integridad Pública?
Ibáñez, con el escudo de impunidad oficial que lo protege, ha decidido derribar todos los límites morales y va provocando tempestades por donde pisa.
Publicidad
Su megalomanía y ansias de poder lo inducen a pensar que está llamado a ‘salvar’ al deporte olímpico, tal como ‘salvó’ al deporte de Guayas, que es un cadáver insepulto. Perdió las elecciones del COE, pero no perdió el impulso para envilecer todo lo que toca.
El Comité Olímpico ha sido allanado por una turba que seguramente fue impulsada por nuestro Nerón criollo, que sueña con ejercer el poder deportivo, aunque deba hacerlo sobre las cenizas.
Ecuador mira con terror la inseguridad y sus 9.000 asesinatos en 2025, el panorama eléctrico incierto, la metida de mano en la justicia, la violencia provocada por el tráfico de drogas y la incertidumbre económica, y se pregunta: ¿cómo se entiende que el presidente de la República genere este incidente en el deporte cuando tiene tantas urgencias que resolver?
El control de las apuestas y del juego ilegal fue uno de los pilares iniciales del poder de la mafia, especialmente en Sicilia y más tarde en Estados Unidos. A través de las apuestas, la mafia logró ingresos constantes y difíciles de rastrear, ideales para organizaciones criminales.
Publicidad
Pero ese no fue el único origen de su poder. La mafia también se fortaleció gracias a la protección ilegal, el contrabando y, más adelante, el tráfico de alcohol durante la ley seca en EE. UU.
La debilidad del Estado en ciertas regiones les permitió “reemplazarlo” con su propia autoridad. Las apuestas fueron una fuente clave de poder económico, pero la mafia creció realmente al combinar el control del juego con violencia, corrupción y control territorial.
Hoy las apuestas han invadido el fútbol ecuatoriano y todo, dentro del país, se mira con normalidad y hasta satisfacción.
“La industria de las casas de apuestas es positiva. Es un juego; la gente se puede divertir, ganar o perder dinero. Estas empresas tienen fundaciones y apoyan a los niños”, dijo Miguel Ángel Loor, presidente de la Liga Pro (acaba de elegirse por tercera vez consecutiva mediante un ardid seudolegal aprobado por el viceministro de Deportes), en una entrevista en un medio televisivo.
Casi todos los clubes tienen como auspiciantes a casas de apuestas, y la Liga Pro es también patrocinada por una de ellas.
Hacia el exterior, la euforia de Loor y de los dirigentes de los clubes nacionales no es compartida. La ‘fama’ de nuestro país como eje de la violencia criminal llegó también al balompié.
El pasado 11 de enero, la revista alemana Kicker, muy popular en su país, tituló sobre el fútbol ecuatoriano: ‘Peligro de muerte en Ecuador: la muerte acecha antes y después del partido’.
La revista denuncia extorsiones sistemáticas por bandas criminales, “vacunas” a jugadores y técnicos a cambio de protección, infiltración del crimen organizado en los clubes, amaño de partidos en la serie B y el asesinato de cinco futbolistas entre septiembre y octubre de 2025.
“Nos ofrecieron $ 5.000 por jugador, que nos dejemos hacer un gol y ellos iban a meter entre $ 100.000 y $ 200.000 por esa apuesta. Así empezó todo”, dijo un futbolista que dejó su carrera y salió del país. Kicker pintó un cuadro terrible y dejó afirmaciones lacerantes.
“Las estructuras mafiosas tienen bajo control a profesionales y clubes. La liga está bendecida con talentos, pero viven peligrosamente. El fútbol ecuatoriano corre el riesgo de perder su esencia, absorbida por una violencia que ya no reconoce fronteras, ni siquiera las de una cancha”, según Kicker. Son verdades que en el corral propio pocos medios tocan, igual que el caso del viceministro y el informe de la UAFE. “No hagan olas”, parece ser la política actual.
En los últimos años, la vida de Emelec —el que fuera un modelo de organización y solvencia con George Capwell, Luis Enrique Baquerizo y Nassib Neme— transita por un terreno cenagoso provocado por negligencias, incapacidades, errores mayúsculos y medio centenar de acciones de protección que bien pueden configurar un récord mundial.
El club que fue un orgullo guayaquileño y nacional ha sido abandonado por sus propios socios, a quienes les importa muy poco el destino de la antes ejemplar institución.
A las asambleas van 200 socios azules y eligen dirigentes con poca identidad con el club.
Los que provocaron el caos actual han planteado una acción de protección y un reclamo (otra vez aparece el viceministro de Deportes) para derribar a la actual directiva, que no encuentra el camino.
¿Dónde están esos grandes dirigentes que pueden evitar que Emelec desaparezca o que corra la misma suerte de Deportivo Quito o El Nacional?
Si Mr. George Capwell resucitara, sacaría a látigo a quienes están hoy al mando de Emelec y a los del periodo anterior que provocaron el desastre y hoy cuestionan una elección que perdieron. Tal vez estemos a las puertas de un funeral eléctrico. (O)
























