Quizá alguien en Riobamba recuerde este aniversario. De los entes deportivos, nada; menos del Ministerio de Educación, Deporte y Cultura, entidad experta en provocar tormentas e imponer necedades para saciar pretensiones de un nefasto personaje. El 14 de marzo es una fecha trascendental para el deporte nacional, pero el oficialismo prefiere desafiar a organismos internacionales de los que busca ser parte sin obedecer sus reglas; antes, intenta que quienes gobiernan el deporte mundial se sujeten al devaneo caprichoso de un mal perdedor.

En pocos días se cumplirán cien años de la inauguración de las I Olimpiadas Nacionales y del emblemático Estadio Olímpico, un suceso extraordinario que merece ser recordado y celebrado de forma permanente. Durante la década de 1930, el periodista y dirigente guayaquileño Nicolás F. de la Rada recopiló la historia de esta gesta; una obra que debería publicarse como testimonio de la tenacidad de aquellos dirigentes que, partiendo de cero, organizaron los Juegos y construyeron un escenario deportivo que, aunque remodelado para el fútbol profesional, aún perdura

Varios personajes materializaron el sueño olímpico del país. Nicolás F. de la Rada fue el pionero; al leer sobre los Juegos de París 1924, se preguntó: “¿Por qué no realizar en Ecuador un concurso nacional olímpico?”. Durante un viaje en tren a Quito, consultó a Luis Cordovez, presidente de la Federación Deportiva de Chimborazo y gran forjador, quien acogió el proyecto con entusiasmo. La idea llegó a dirigentes pichinchanos, a Carlos Martínez (Tungurahua) y al ministro de Defensa, Leonardo Sotomayor y Luna, quien ofreció 20.000 sucres de apoyo estatal.

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De la Rada planteó luego la propuesta a Manuel Seminario Sáenz de Tejada, presidente de la Federación Deportiva del Guayas. Este reveló que preparaba el I Congreso Nacional del Deporte para mayo de 1925 y gestionaría el respaldo para que la I Olimpiada fuera en Riobamba. En dicho congreso se acordó formalmente realizar la competencia.

¿Cómo se obtendrían los fondos para la cita olímpica? La oferta gubernamental se diluyó y, según De la Rada, para financiarse, planearon elegir a Luis Cordovez como concejal de Riobamba. Tras ganar los comicios, apenas posesionado, Cordovez logró una asignación de 20.000 sucres y la donación de los terrenos para el estadio. Se había consolidado así la base del proyecto.

De la Rada añade: “Para construir el estadio no era menester solo 20.000 sucres. Se necesitaba alrededor de 6.000 sucres más. Estaba al frente de la Sociedad Bancaria del Chimborazo el caballero guayaquileño don Luis Eduardo Game, también miembro de la Federación y un entusiasta deportista, y, espontáneamente, abrió una cuenta corriente a favor de la Federación el Chimborazo con garantía del estadio que se construiría”.

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Un año antes de la edificación, la Junta General Extraordinaria de la Federación Deportiva de Chimborazo eligió como titular al banquero José María Falconí, tercer gran personaje que lideró la organización olímpica. El estadio se levantó en la quinta La Concepción mediante trabajo continuo, pese a su lejanía de la urbe. En su entorno no existían viviendas, salvo la Casa Calero, una fábrica de calzado.

En febrero de 1926, la Sección de Construcciones de la Sociedad Bancaria inició febrilmente la obra de un moderno estadio acorde a reglamentos internacionales. Los planos de la tribuna fueron diseñados por el ingeniero español José Melián, con la colaboración técnica de los arquitectos italianos Luca y Natale Tormen.

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El tiempo apremiaba, pues la inauguración estaba programada para el 14 del mes siguiente. Ante la urgencia, los constructores contrataron a 500 obreros quienes, en jornadas de 24 horas, levantaron la tribuna en el tiempo récord de cinco semanas. Simultáneamente, los ingenieros riobambeños Alfredo Altamirano y Arcesio Valencia construían la pista atlética. El resultado fue admirable: el estadio, inaugurado el 14 de marzo de 1926, lucía una hermosa tribuna neoclásica para 2.000 personas, con un gran salón de recepciones, bar, camerinos y oficinas. El perímetro estaba cercado por una muralla de tapial.

La llamada Olimpiada (término que designa el ciclo de cuatro años entre juegos) peligró a inicios de 1925, cuando Guayas se excusó de asistir por el receso deportivo debido al fuerte invierno. El 27 de enero, José María Falconí viajó a Guayaquil para persuadir a los porteños pese a la crisis de su deporte local. Falconí apeló a su cercanía con el Dr. Armando Pareja Coronel y con Manuel Seminario; finalmente, venció la resistencia del presidente Heliodoro Castro Manzo y aseguró la participación de Guayas en la cita.

El Estadio Olímpico de Riobamba construido en cinco semanas e inaugurado hace 100 años, para las I Olimpiadas Nacionales del país. Foto: Archivo

El 14 de marzo de 1926, entre la euforia popular en el flamante Estadio Olímpico, se inauguraron las I Olimpiadas Nacionales con atletas de Pichincha, Chimborazo, Guayas, Tungurahua, Azuay y León (hoy Cotopaxi). La Junta Cívico-Militar de la Revolución Juliana, que había negado los pasajes gratuitos en tren a los deportistas, no asistió; tampoco el ministro de Instrucción Pública, quien debía inaugurar la cita. En su lugar, el gobernador de Chimborazo pronunció las palabras rituales: “Proclamo la apertura de los Juegos Olímpicos del Ecuador celebrando la primera Olimpiada Nacional de la era moderna”.

Acto seguido, el toque de clarines y un cañonazo acompañaron el izado de la bandera olímpica en el mástil central. Desde el centro del campo, se soltaron palomas mensajeras que portaban en el cuello cintas con los colores de las provincias participantes. El evento marcó un hito pese al desaire de las autoridades centrales.

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Las competencias fueron muy interesantes. Participaron 279 atletas de Pichincha, Guayas, Tungurahua, Azuay, Imbabura, León (Cotopaxi) y Chimborazo. Para el eterno orgullo de los chimboracenses, su selección de fútbol alcanzó la medalla de oro. Los integrantes fueron Luis Bonilla, Arturo Vacacela, Evaristo Torres, Jorge Rivera (capitán), Pablo Ojeda, Enrique Miranda, Gonzalo Rubio, Humberto Mejía, Alboino Álvarez, Humberto Yánez, Rogelio Toledo, Jorge Mancheno, Francisco Dávalos, Víctor Oquendo, Ricardo Zambrano, Ambrosio Erazo, Ángel Torres, Abel Valencia y Ricardo Granda.

Esa primera gran cita multideportiva debería ser objeto de grata y eterna recordación para todos los ecuatorianos. (O)