El enorme y moderno estadio donde se jugó la final del US Open hace pocos días lleva merecidamente el nombre del recordado Arthur Ashe.
Con capacidad para 25.000 almas, el Arthur Ashe es el escenario tenístico más grande del planeta.
Publicidad
¿Y ustedes se preguntarán por qué se llama así?
La verdad es que el tenis, inventado por las élites inglesas, fue conocido por largo tiempo como el “deporte blanco”, no solo por el color de la indumentaria y calzado que usaban los tenistas, sino también porque durante sus albores fue una disciplina donde eran mal vistos los jugadores y jugadoras de piel oscura.
Publicidad
Nunca olvido cuando Pancho Segura contaba los desplantes, las marginaciones y malas caras que le tocó sufrir en su temprana juventud por ser trigueño y además por provenir de un estrato socioeconómico bajo.
En el caso de Estados Unidos, donde el problema racial ha tenido cicatrices muy dolorosas, tuvieron que pasar más de 50 años para que una tenista afroamericana como Althea Gibson pueda competir de igual a igual y finalmente convertirse en la primera ganadora de color de un Grand Slam durante el US Open 1956.
Nacido en Richmond, capital del sureño estado de Virginia en 1943, a Ashe le tocó muy duro desde la infancia por ser negro. Pero siempre lo enfrentó con buena actitud y férrea voluntad.
Durante la década de los 60, en plena época de luchas intensas por los derechos civiles, Arthur Robert Ashe Jr. ganó de manera invicta varias Copas Davis con el equipo de USA (años 1963, 68, 69 y 70) y en 1968 pasó a la historia del tenis como el primer negro campeón del Abierto de Estados Unidos en Forest Hills-Nueva York.
Clark Graebner, Cliff Richey, Dennis Ralston, Bob Lutz, así como otros famosos compañeros del equipo norteamericano de tenis lo calificaron siempre como un gran tenista y caballero del deporte.
Más adelante, Arthur Ashe se consagró en el Australian Open 70 y llegó a lo más alto en Wimbledon 1975, derrotando en la final a su joven compatriota Jimmy Connors.
Desde 1980 hasta el 84 fue capitán del equipo Copa Davis estadounidense y ganó la Ensaladera de Plata en 1981-82 con raquetistas de la talla de John McEnroe, Jimmy Connors, Stan Smith, Roscoe Tanner, etc.
En 1981 y en el 83 Arthur fue víctima de sendos infartos, ocurriendo durante el segundo un momento fatal: producto de una transfusión de sangre se contagió del temible virus VIH.
En los años 80 e inicios de los 90 el VIH-sida no tenía tratamientos eficaces, la gente moría, además del estigma social que acarreaba por el estereotipo de que solo los LGTBI podían padecer del terrible mal.
Ashe luchó silenciosamente con el virus guardándolo en privado, junto con su familia.
Hasta que en 1992 una publicación de prensa del USA Today amenazó con detonar la noticia, lo cual forzó al gran deportista a salir públicamente a reconocer que se había contagiado de VIH por una mala transfusión sanguínea y que ya se había convertido en sida.
Un año después, en 1993 falleció tristemente, dejando detrás suyo un gigante legado y una frase inolvidable cuando le preguntaron: “¿Por qué Dios tuvo que elegirte para una enfermedad tan horrible?“. (O)