La revelación de Juan Carlos Pérez, exentrenador de El Nacional, en torno a presuntos casos de extorsión que algunos jugadores sufrieron en la temporada anterior se viralizó rápidamente el fin de semana y trajo al debate un tema ya conocido en el medio: el fútbol se ha convertido en otro espacio de disputa entre el crimen organizado, en un Ecuador golpeado por la violencia y las economías ilegales.

“La primera goleada que recibimos fue con el Club Sport Emelec (primera etapa), 4 a 0, fue por un tema de extorsión comprobado, que los jugadores extorsionados hablaron en camerino. No se pudo hacer mayor cosa, no pudimos sacarlos a los jugadores en ese momento, porque estaban siendo amenazados, la vida de sus familiares. No podíamos ir en contra del tema humano y los mantuvimos. Sabíamos que ese partido teníamos que perderlo, porque si no, había represalias contra las familias de ellos dos”, relató el exadiestrador de los puros criollos en diálogo con La Radio Redonda.

El año anterior se reportaron varios ataques armados en contra de futbolistas. Mario Pineida (Barcelona SC), Jonathan González (22 de Julio), Maicol Valencia (Exapromo Costa FC) y Leandro Yépez (Atlético Santo Domingo) murieron a manos de sus victimarios, mientras que otros blancos de atentados sobrevivieron.

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Jonathan González fue asesinado en Esmeraldas a los 31 años.

De la situación del país incluso se hizo eco la revista alemana Kicker, que sobre el fútbol ecuatoriano tituló: “Peligro de muerte en Ecuador: la muerte acecha antes y después del partido”.

El medio publicó sobre las extorsiones sistemáticas de bandas criminales a jugadores y técnicos a cambio de protección, infiltración del crimen organizado en los clubes, amaño de partidos en la serie B y los asesinatos.

Ricardo Vasconcellos Rosado, columnista de EL UNIVERSO, señala que el crimen organizado encontró en el fútbol ecuatoriano un terreno fértil por varias razones: clubes con graves problemas financieros y deudas acumuladas; jugadores con salarios bajos o impagos, especialmente en categorías menores; escasos controles financieros y disciplinarios, y, fundamentalmente, el crecimiento acelerado del mercado de apuestas deportivas.

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“En este contexto, manipular un partido puede generar enormes ganancias con un riesgo relativamente bajo, sobre todo cuando el miedo garantiza el silencio”, refiere él.

Vasconcellos es crítico de la postura de Miguel Ángel Loor, presidente de la Liga Pro, instancia que organiza el campeonato local, quien es partidario de que las casas de pronósticos deportivos patrocinen el fútbol.

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“El ansia desorbitada de dinero ha ocultado que las apuestas deportivas funcionan como un multiplicador del delito. Un solo partido manipulado puede mover miles o incluso millones de dólares, especialmente en plataformas ilegales difíciles de rastrear”, recalca el comunicador.

Fuentes del entorno futbolístico advierten que muchas de estas redes operan desde fuera del país, lo que complica las investigaciones. “El resultado es un sistema donde el jugador o el entrenador ya no decide: obedece o muere”, añade el columnista.

Y cree que el fútbol, por su visibilidad y circulación de dinero, se convirtió en un escenario simbólico más de la disputa entre bandas del crimen organizado. Para Vasconcellos, la pelota dejó de rodar libremente y corrió el telón de tres escenarios posibles:

  • Inacción: Si las instituciones deportivas y el Estado miran hacia otro lado, la violencia se profundizará, aumentarán los asesinatos y el campeonato perderá toda credibilidad.
  • Respuesta parcial: Medidas aisladas pueden reducir casos visibles, pero las redes seguirán operando en la clandestinidad.
  • Intervención integral: Una acción coordinada entre fútbol y Estado permitiría recuperar gradualmente la confianza y aislar al crimen organizado.

“Mientras denunciar siga siendo una sentencia de muerte, el fútbol ecuatoriano seguirá secuestrado por el miedo. Recuperar la normalidad no es solo una cuestión de fair play futbolístico y financiero, sino de seguridad, justicia y presencia del Estado. El balón, hoy, rueda en una cancha minada”, analiza el comunicador.

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Sebastián Martínez, consultor en derecho deportivo, dice que al existir casas de pronósticos que financian el fútbol ecuatoriano se produce un problema de raíz.

“Siempre han existido, hasta cierto punto, amenazas, objeciones en materia deportiva, pero creo que el hecho de que existan casas de apuestas (pronósticos deportivos) atado a la inseguridad o al nivel de criminalidad que vivimos en el país actualmente da como resultado que tengas este tipo de cosas”, menciona el asesor legal.

Para contrarrestar la problemática sugiere como acción inmediata el que se establezca un procedimiento más claro para las denuncias.

“Es un tema también de estructura nacional, es decir, la UAFE (Unidad de Análisis Financiero y Económico) tiene que empezar a emitir alertas respecto de las personas que se están lucrando, por así decir, con el negocio de apuestas deportivas y correlacionar eso a las presiones que pueda haber, pero es un problema que tiene muchísimas aristas y que termina siendo bastante difícil que se pueda resolver”, expresa el jurista.

Martínez cree importante que en el marco legal ecuatoriano ya se incluya el amaño de partidos como un delito. “Que haya un tratamiento institucional como país, a precautelar o evitar el financiamiento criminal en el fútbol, justamente que las mafias ocupen esos espacios para lavar sus activos”, manifiesta el consultor. (D)