Cuando cayó el telón de la Serie Mundial del béisbol 2020 y los Dodgers se coronaron campeones, se apagaron las luces, pero se encendieron las críticas contra Kevin Cash, mánager de Tampa Bay, por cambiar a su lanzador Blake Snell cuando su equipo estaba ganando 1-0 y había ponchado a nueve con solo dos aislados hits.

Snell mostró su contrariedad y expresó su molestia con frases que no se pueden publicar, en la que podría haber sido una de sus mejores actuaciones. Se encendieron las redes sociales: ¡No puede ser!
Todo apuntaba a que tendríamos séptimo partido, porque el jugador estaba muy dominante. En control, mantenía su velocidad habitual y sus combinaciones estaban muy acertadas. Fue muy notorio el disgusto de Snell y no se necesita ser experto en la lectura de labios para que millones de televidentes interpretemos las expresiones no publicables. Todo el mundo entendió.

Cada Serie Mundial tiene algo que la diferencia de las demás: el Clásico del Subway del 2000 entre Yankees y Mets, la del ‘terremoto’ en 1989 entre Oakland y San Francisco, las que se definieron con jonrones finales agónicos y dramáticos como el de Joe Carter en 1993 para la victoria de Azulejos y el de Bill Mazeroski en 1960, la que se definió con error defensivo del inicialista Bill Buckner que privó a los Medias Rojas de zafarse de la maldición del Bambino y los ‘hits de oro’ finales de Édgar Rentería de los Marlins en 1997 y muchas más con sus propias anécdotas, héroes y villanos. La final de este año quedará marcada por el evidente error en la sustitución inoportuna del abridor de los Rays.

Seguro que si la jugada salía bien, al día de hoy estaríamos diciendo que su mánager es un genio; pero para su desdicha el movimiento no funcionó, falló en el peor momento y ahora debe cargar con la culpa.
Es conocido que Cash fundamenta sus acciones y decisiones con base en un programa computarizado y proyecciones que le indicaron que era el momento de cambiar a su pitcher estrella. El entrenamiento, uso y rotación de los serpentineros es planificado y realizado por entrenadores muy detallistas y especializados, aunque la responsabilidad final es del mánager.

El manejo y conducción del staff es un arte. Hemos visto muchos casos de grandes equivocaciones que han costado partidos y campeonatos. Debe haber momentos en los que tiene que primar el buen sentido, características del juego y accionar del momento, así como debe haber el espacio para la inspiración y la hazaña.
Es muy fácil sentarme delante de un micrófono, una pantalla o computadora y criticar la movida, pero la realidad es que el béisbol pierde la parte humana del juego con las estrategias basadas en números y la tecnología.

Lógica y buen sentido

Es conocido que el conductor de Tampa se maneja mucho con la ‘sabermetría’, que es el uso de nuevas estadísticas para medir con precisión el desempeño y rendimiento de los peloteros. A cambio, se deja de lado la lógica y el espacio del crecimiento e inspiración del jugador. Este sistema sirve mucho para analizar el rendimiento de los deportistas y es fundamental para la contratación y en especial para los salarios.

A parte de las conocidas y tradicionales estadísticas que establecen y escogen los mejores bateadores, mayores anotadores y productores de carreras, y los más efectivos y dominantes lanzadores en todo tipo de torneo, ahora se combinan otros cálculos como: con qué porcentaje el bateador llega a las almohadillas, cuál es el promedio de evitar los outs en la función ofensiva, cuántos de sus batazos se convierten en hits, la habilidad para no dejarse dominar, la cantidad de extrabases conseguidas, promedios e intentos en los robos de bases, coeficiente para evitar carreras, cuántas vueltas aporta el pelotero en cada juego, relación de ponches, boletos gratis, hits y jonrones recibidos por los tiradores y muchas otras mediciones que sirven de herramientas para manejar los juegos.

En el futuro puede ocurrir que sin haber jugado béisbol ni ser entrenador, ni tener experiencia para manejar grupos, quizás pueda dirigir un equipo de las Grandes Ligas. En las permanentes decisiones de los juegos debe primar el buen sentido, las características e importancia del cotejo, la circunstancias del momento; deben primar espacios para la visión, experiencias y vivencias de sus conductores y líderes. Caso contrario, estaríamos entrando en un periodo en el que el béisbol pierde su esencia por el uso indiscriminado de las computadoras. (O)