Érika Mercado tiene 27 años y es esmeraldeña, pero ahora viste los colores de la selección albiceleste de voleibol (Las Panteras) tras recibir, hace ocho meses, la nacionalidad argentina. Con 16 años emigró a Buenos Aires y allá empezó una carrera que le permitió jugar en Sudamérica y en Europa.

Mercado surgió del ya programa llamado Chiquivolei, desaparecido en el 2007 y a través del cual la Federación Ecuatoriana de ese deporte halló talentos en Esmeraldas y Guayaquil. En una entrevista con EL UNIVERSO, Mercado, la jugadora del club San Lorenzo, con acento argentino habla de sus experiencias.

¿Se nacionalizó argentina?

Siempre fue esa la meta en todo este proceso deportivo.

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¿Pensó esa decisión, la consultó con su familia?

La pensé por once años (cuando se fue de Ecuador). Fue una decisión personal.

¿Podrá jugar por Ecuador?

No. Ecuador nunca me dio la oportunidad de hacerlo.

¿Cuántas veces ha jugado por Argentina?

Dos (Copa Challenger y un torneo en Perú).

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¿Su carrera la comenzó como voleibolista?

Siempre fui deportista. Jugué básquet a nivel intercolegial y también fui seleccionada de Esmeraldas en atletismo. En el voleibol me inicié en una escuelita del profesor Juan Castillo, que me enseñó lo básico. A los 15 años, un argentino que dirigía a Ecuador me vio jugar en la playa y me siguió a mi casa. Habló con mi mamá y así se inició todo lo que vivo ahora.

¿Cómo se produce su viaje a Argentina?

Algunos dirán suerte. Otros le llamamos destino. El técnico que me vio en las playas de Esmeraldas me recomendó con un representante y él hizo los contactos para que yo viajara a Argentina. Me fui a los 16 años y me uní al club Gimnasia y Esgrima.

¿Le costó adaptarse o no tuvo problemas?

Nada en esta vida es fácil, pero siempre con esfuerzo se logran grandes cosas, o al menos se llega al objetivo. Han sido 11 años de arduo trabajo.

¿Quién le ayudó como voleibolista en Argentina?

Willy Paredes (representante). Él es mi mentor.

¿Recuerda su debut?

Fue lindo porque se juega muy diferente acá. Es un voleibol que día a día intenta ser más profesional. En Argentina los niños comienzan a jugar a los 8 años; en Ecuador yo empecé a los 15. Todo lo que un niño pequeño sabe de teoría yo lo estaba aprendiendo a los 15, pero me fue fácil aprender. Miraba a las demás jugadoras, y los entrenadores me hacían correcciones técnicas. Vine a Argentina para aprender a jugar voleibol y luchar para estar donde estoy.

¿Cree que allá mejoró técnicamente?

Mejoré en todo. Como jugadora soy totalmente diferente a la niña de 16 años que llegó acá desde Ecuador. Siempre se puede ser mejor. Todo depende de las ganas de crecer segundo a segundo.

¿Qué extraña de Ecuador?

A mi familia, las hermosas amistades que dejé y la playa.

¿Cómo tomó el cambio de costumbres?

Fue difícil acostumbrarme al frío, vengo de una tierra caliente como Esmeraldas. Las comidas y las costumbres hay que incorporarlas de a poco. Siempre que estás con un argentino te sientes parte de ellos. Así que integrarme no me costó mucho.

¿Cuál es su rutina en Buenos Aires?

Soy deportista de alto rendimiento. Entreno todos los días con la Selección, a doble jornada, hasta que se acerque la competencia.

¿Ya toma mate?

Lo hago todo el día, me gusta.

¿Cuál fue su mejor año?

En Alemania, en 2017-2018, en el Erfurt (también estuvo en el Markopoulo, de Grecia).

¿Le han propuesto regresar a jugar en Europa?

Sí. Volveré en esta temporada a la Liga europea. El deporte allá tiene un nivel impresionante.

¿Tiene antecedentes de familiares deportistas?

Sí, mi mamá (Teodula Mercado) era basquetbolista.

¿Hasta dónde quiere llegar en el voleibol?

Hasta el día que pueda ayudar a otros deportistas.

¿Qué mensaje les daría a las autoridades deportivas del Ecuador para que mejore esa actividad?

Ecuador tiene deportistas que no reciben ayuda para mejorar. Tenemos todo lo que otros países quisieran tener en cuanto a condiciones físicas, pero no tenemos quién nos ayude a crecer deportivamente y pido a las autoridades que se preocupen por eso.

¿Usted sufrió eso?

Sí, y por eso muchos dejamos el país y otros abandonaron el deporte. Estoy en contra de que los niños no tengan un lugar donde entrenar, de que no sean valorados, que no haya ayuda para los pequeños emprendimientos deportivos, como la escuela de voleibol de Juan Castillo, que entrena en cualquier parte.

Es un hombre que deja a su familia por ayudar a que los niños hagan deporte para que no terminen en pandillas o los asesinen a temprana edad. Muchos deportistas están esperando ayuda. No solo miren a Guayas, Pichincha o Azuay, el deporte no solo está en esas provincias. Ayudemos a todas las ciudades a crecer. En Esmeraldas entrenábamos al aire libre, no teníamos ni agua, ni zapatos. Son cosas que deben cambiar.

¿Qué mensaje les da a los que la ven como ejemplo?

Que no dejen de soñar. Siempre que uno desea algo y hace su mayor esfuerzo por tenerlo, las cosas llegan. El deporte no es fácil, pero enseña muchas cosas de la vida que no te enseñan en ningún otro lugar. Crean en grande y no tengan miedo a equivocarse, que la vida está llena de errores, pero son esos errores los que le enseñan a uno a crecer y mejorar día a día. 

Familia de Mercado, de las damnificadas por terremoto

El 16 de abril del 2016 Ecuador sufrió un terremoto con una magnitud de 7,8 en la escala de Richter, que sacudió con más fuerza a  las provincias de Manabí y Esmeraldas. 

Una de las muchas viviendas que sufrieron daños fue  la de Érika  Mercado, ubicada en el sector conocido como Barrio Lindo (arriba de las calles Calderón y Colón, en Esmeraldas),  donde vivió hasta antes de viajar a Argentina. 

Desde ese tiempo a la fecha, comenta la hoy voleibolista de la selección albiceleste, ninguna autoridad del Ecuador se preocupó por ir en auxilio de su familia. Ella en esa época ya estaba jugando en Argentina y no pudo viajar para apoyar a su madre y hermanas. 

Cuando mi casa se derrumbó por el terremoto  nadie de Ecuador me ayudó a reconstruirla. El Gobierno de mi país nunca llegó a ayudar a las personas de mi barrio que perdieron su hogar”, refiere Érika con malestar. 

La deportista cuenta que si alguien le pregunta si tiene casa, ella siempre responde que no y lamenta la falta de apoyo. 

“Es feo que tu propio país no te resguarde en una situación como esta. Aún sigue mi casa en escombros. Nunca salí a decir nada del Gobierno, pero es muy injusto que ayudaran a todo Manabí y no construyeran nada para las personas que perdieron su hogar en Esmeraldas. Al menos desde mi situación,  nunca me brindaron ayuda por el derrumbe de mi casa”, añade. 

Lo más complicado para Érika ha sido que su madre, quien fue jugadora de básquet en el club Piratas,  perdió la vista por problemas de  diabetes y un año después del terremoto falleció. 

La jugadora esmeraldeña indica que ahora se le complica venir a Ecuador porque no tiene dónde llegar ya que sus hermanas, una vive en Esmeraldas y otra en Guayaquil, no tienen espacio suficiente para recibirla. 

“Mi hermana (Karma Anilleli) la está pasando mal. No soy futbolista que con un sueldo hace tres casas. El voleibol es un deporte en el que cuesta mucho ganar dinero para hacer una casa”, afirma.

Estoy muy orgullosa de vestir la camiseta albiceleste. Intenté obtener la ciudadanía argentina durante seis años y es un honor para mí representar a Argentina en los Juegos Panamericanos de Lima 2019"

He jugado en las ligas de Chile, Brasil, Bolivia, Grecia, Alemania, y en Argentina. Acá estuve en Boca Juniors, Gimnasia y Esgrima, y en San Lorenzo de Almagro" Érika Andreína Mercado, voleibolista nacida en Esmeraldas

(D)