Entre lágrimas, Norma Morán, de 54 años, recorría su casa en el sector Rosa María, en Milagro, mostrando lo que el agua le había dañado. Con ella viven sus tres hijos y su esposo, que tiene una discapacidad.

Desde las 17:30 del miércoles 4 de noviembre, el desbordamiento del río Milagro volvió a inundar su vivienda.

No es la primera vez. Es la tercera ocasión en que el agua ingresa a su casa en lo que de esta temporada de lluvias. En el pasillo de entrada, el techo de zinc está caído y lo sostienen unos palos. El segundo piso quedó inhabitable porque, según cuenta, en inundaciones anteriores se dañaron el techo y la escalera.

Publicidad

Esta vez su cuarto fue el que más se llenó de agua: se mojaron los colchones y la ropa, y se dañó la refrigeradora. “Yo lloraba bastante, yo lloraba”, recuerda. Espera que llegue la ayuda.

Sectores anegados tras la crecida del río

Varios sectores de Milagro seguían bajo el agua la mañana de este jueves 5 de noviembre, luego de que las lluvias que empezaron el martes 3 elevaron el caudal del río.

En un recorrido realizado por este Diario por el centro de la ciudad y barrios como San Miguel 2 y Bellavista, las calles estaban anegadas hasta la altura de la rodilla y no se distinguía dónde terminaba la acera y dónde empezaba la calzada.

Publicidad

Publicidad

El agua llegaba a la altura de la rodilla en varias calles del sector Bellavista en Milagro. Foto: Francisco Verni Foto: Francisco Verni Peralta

Los sumideros y las alcantarillas estaban colmados. El agua giraba sobre ellos sin desaguar y arrastraba basura, que se acumulaba en las esquinas. En las calles más inundadas se mezclaban el olor a aguas servidas y lodo, y había mosquitos.

Aun así, los moradores de Milagro salían a caminar entre el agua para ir a trabajar. En varias viviendas levantaron pequeños muros de unos 30 centímetros de alto o colocaron sacos de arena y de arroz en las entradas para evitar que el agua siguiera entrando.

El impacto del agua en los comercios locales

En Bellavista, en la calle Juan Bautista Aguirre, Sara Jiménez, de 52 años, preparaba empanadas en plena calle inundada, con el tanque de gas a su lado. Cuenta que durante toda la semana el agua sube y baja, pero que desde el miércoles llegó con más fuerza. “Cada vez que viene, ya tenemos que aguantarla”, dice. Asegura que la ayuda llega a los sectores del fondo, más afectados, pero no a su calle.

Comerciantes trabajan en la calle Juan Bautista Aguirre. Foto: Francisco Verni Foto: Francisco Verni Peralta

A pocas cuadras, en las calles Bellavista y Napo, el comerciante Luis Parales, de 43 años, atendía su negocio con el agua adentro. Las ventas bajaron porque, según dice, la gente no sale. El invierno pasado perdió un congelador. Lleva 23 años en el sector y recuerda que antes era peor: el agua llegaba al pecho y la zona “era como una laguna”. Ahora le preocupa el clima: “Quiere llover y ahí sube más”.

En el centro de Milagro, en la calle 10 de Agosto, entre Chile y Colombia, Yolanda Márquez, de 67 años, se levantó con los pies en el agua, y desde entonces el nivel no ha bajado. Se le dañó el motor de una refrigeradora pequeña y se mojaron sus muebles. Cuenta que cerca de su casa una alcantarilla tiene la tapa salida y que ahí caen las motos.

El agua de las inundaciones llegó hasta las casas en Milagro. Foto: Francisco Verni Foto: Francisco Verni Peralta

Reclamos por fallas en servicios y obras

En San Miguel 2, donde los moradores dicen estar sin luz desde el miércoles, el agua empezó a bajar cerca de las 04:00 de este jueves. Rolando Burgos, de 60 años, mecánico de motos y vehículos, no ha podido trabajar por la humedad y por el temor a una nueva crecida. “Prácticamente estamos con los brazos cruzados”, dice.

Publicidad

A diferencia de Parales, él cree que las crecidas ahora son más fuertes. Frente a su casa, la corriente forma remolinos que socavan un pequeño muro por donde pasan los vecinos, y pide al Municipio construir uno de piedra.

Zonas anegadas en el cantón Milagro. Foto: Francisco Verni Foto: Francisco Verni Peralta

En la calle García Moreno, John, de 61 años, señala el desnivel de la calzada. “Yo no necesito ser técnico para venir y darme cuenta”, dice. Según su versión, cada año se coloca lastre como relleno y la calle queda igual. Cuestiona que los técnicos que envía el Municipio de Milagro no escuchan a los moradores. “Cada año es lo mismo”. (I)