“Sí, fumo marihuana desde hace un año y medio pero no soy adicto, le entro una vez cada quince días más o menos, cuando los panas traen, porque la verdad no me gusta eso de andar comprando en la calle”, dice Jorge, de 21 años, estudiante de Comunicación Social.

El joven recuerda que la primera vez que consumió un cigarrillo con la sustancia fue en la casa de uno de sus compañeros de la universidad. “Fui a una fiesta y todos bebimos, luego nos quedamos un grupo y empezaron a fumar y por curiosidad también fumé”, explica.

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En los últimos tres años el consumo de drogas ilícitas como la marihuana y cocaína se duplicó entre los estudiantes universitarios del país, quienes además han incorporado nuevas sustancias con el fin de experimentar otras sensaciones, especialmente en los espacios considerados de distracción.

Esto se desprende de una encuesta realizada a 3.443 estudiantes (1.691 varones y 1.752 mujeres) de 10 universidades, entre públicas y privadas, efectuado por la Comunidad Andina de Naciones (CAN) en cooperación con la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas de la Organización de los Estados Americanos (Cicad/OEA).

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Es el segundo estudio de este tipo que se realiza en el país. En el 2009 un 4,1% de los consultados dijo haber consumido marihuana el último año. En la encuesta del 2012 el porcentaje creció al punto de que el 9% (310) de los universitarios reconoció que consume la sustancia en diferentes niveles.

La evaluación revela que el 35% de personas que llenaron el formulario planteado por la Cicad asevere que en algún momento, durante los últimos doce meses, alguien les ofreció marihuana sin necesidad de que ellos la buscaran.

Jorge no participó de la encuesta, pero dice que la oferta es más alta de lo que se puede imaginar. “No solo puedes encontrar un brujo (expendedor de droga) por la universidad o la zona (La Mariscal, en Quito) hay tiendas donde la viejita que ni te imaginas te provee, la gente ya conoce las huecas”, dice el muchacho y lo corroboran con una señal sus dos amigos.

El programa Antidrogas Ilícitas de la Comunidad Andina (Pradican) indica que la marihuana genera un componente de dependencia en un 12% de universitarios ecuatorianos, mientras que un 26% ha desarrollado abuso y dependencia a esta droga.

La segunda sustancia ilícita más consumida entre los jóvenes de entre 18 y 25 años, que fueron incluidos en el estudio, es la cocaína, que pasó de ser consumida en el 2009 por 0,6% de los encuestados al 1,2% en el 2012. En el caso de esta droga el 13,6% de los estudiante preguntados dijo haber recibido una propuesta de venta o consumo de cocaína.

En un sondeo efectuado por este Diario en una universidad pública de Quito ninguno de los estudiantes dijo conocer gente que consumiese esta droga. Según los universitarios, quienes la consumen lo hacen en sitios más íntimos, a diferencia de lo que sucede con la marihuana.

El estudio determina que los hongos alucinógenos se han convertido en la tercera sustancia ilícita más usada por los estudiantes de tercer nivel del Ecuador. Esta droga que genera sensaciones de euforia, hilaridad, aumento del ritmo cardiaco, de la presión sanguínea y del tamaño de la pupila ocular, no era siquiera mencionada en la encuesta del 2009.

Juan Carlos Araneda, miembro de la Cicad/OEA, dice que el fenómeno del consumo de hongos alucinógenos no solo se da en Ecuador, sino que además se registra en Colombia, Perú y Bolivia como una actividad que llegó desde Europa.

Según el organismo de la OEA, muy pocas universidades del país habrían implementado programas preventivos para detener el consumo de drogas luego del informe del 2009 y esa sería una de las causas para el incremento registrado en la última encuesta.

Mónica Gómez-Jurado Jarrín, directora de Control de Drogas Ilícitas de Ecuador, refiere que se realiza con los países de la Comunidad controles de insumos químicos y se ha elaborado una lista de productos que sirven como precursores para elaborar drogas, los que deben ser fiscalizados.

En la Universidad de Guayaquil la problemática del consumo y el expendio de sustancias prohibidas ha disminuido, según su vicerrector académico, César Romero Villagrán.

La autoridad refiere que en ese centro de estudios, incluso, se identificó a bandas que pretendían traficar estupefacientes entre los estudiantes, pero que con la ayuda de la Policía Nacional se logró desarticularlas y en algunos casos incautar la droga.

“La problemática la hemos detectado y junto con la Policía Nacional hemos logrado combatir a los narcotraficantes en el interior de la ciudadela universitaria”, sostiene Romero, quien añade que la población estudiantil es vulnerable por la facilidad que actualmente hay de comprar y expender drogas.

El vicerrector reconoce que el personal de guardias y supervisores no es suficiente para controlar a cerca de 80 mil estudiantes, por lo que se ha permitido el ingreso de policías vestidos de civil para realizar controles.