Las conversaciones de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC comenzaron ayer en La Habana con la declaración de la guerrilla de un alto el fuego unilateral de dos meses para “fortalecer el clima de entendimiento necesario” en el diálogo que intenta poner fin al conflicto armado en el país.

El grupo rebelde anunció su primer cese al fuego en 10 años, en una sorpresiva decisión con la que aseguran pretenden facilitar los diálogos de paz.

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La dirección de las FARC ha ordenado a sus unidades el cese, en todo el territorio colombiano, de operaciones militares ofensivas y actos de sabotaje entre el 20 de noviembre y el 20 de enero, según una declaración leída por Iván Márquez, número dos del grupo insurgente y líder del equipo negociador de la guerrilla, en las actuales conversaciones de paz.

No obstante, el ministro colombiano de Defensa, Juan Carlos Pinzón, aseguró más tarde que las fuerzas de seguridad seguirán desarrollando operaciones militares en el país.

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En una breve declaración, Pinzón resaltó que es un “deber constitucional” de la fuerza pública colombiana “perseguir a todos aquellos criminales” que hayan cometido delitos “a través de tantos años” como lo han hecho las FARC. “La orden sigue siendo la misma: combatir a los grupos ilegales en todo el territorio nacional”, dijo.

La suspensión de las hostilidades era pedida por varios grupos de activistas de derechos humanos como la Red de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra (Redepaz). “La tregua obedece al clamor de la sociedad colombiana de avanzar en (...) un proceso que realmente le vaya dando al pueblo colombiano resultados”, indicó Luis Sanabria, director de Redepaz.

De todas maneras, Sanabria recordó que al ser unilateral, el cese de hostilidades significa que las FARC no atacarán al Ejército o tomarán pueblos y carreteras, lo que no implica que no vayan a defenderse.

Menos satisfecho se mostró Alfredo Rangel, de la Fundación Seguridad y Democracia, para quien la declaración está limitada “exclusivamente a cesar las operaciones militares ofensivas contra la fuerza pública, es decir, que se reservan las FARC la posibilidad de seguir (...) extorsionando a la sociedad civil”. Es “una maniobra de la guerrilla que trata de aparecer a la guerrilla como pacifista”, agregó.

Con este anuncio arrancó en la capital cubana la segunda fase del proceso de diálogo entre la guerrilla y el gobierno de Juan Manuel Santos para intentar poner fin al conflicto armado que Colombia padece desde hace medio siglo.

Las conversaciones formales de paz se desarrollan a puerta cerrada en una pequeña sala del Palacio de Convenciones de La Habana, dijeron fuentes próximas al equipo negociador del gobierno.

El diálogo tiene lugar en torno a una mesa rectangular con los cinco delegados del gobierno, en un lado, y los otros cinco de la guerrilla, enfrente.

La previsión es que las conversaciones bilaterales en estos días se desarrollen en la mañana (entre 09:00 y 13:00), mientras que por la tarde cada equipo trabajará por separado.