Los cerros de Chibuleo y Pilahuín, en la parte alta del occidente de Ambato, están bordados con retazos de cultivos de papa, zanahoria, haba, arveja, cilantro y potreros. Pese a que hace más de una década en esta zona predominaban los sembríos de cebolla colorada o paiteña, hoy este producto es tan solo un recuerdo.
La paiteña desapareció de esta zona, así como el ajo. “Se dio porque entraba producto de otro país, hablemos de Colombia y de Perú. La gente no valoró lo nuestro y también era más barato lo de afuera. Así, aquí se dejó de cultivar y ahora es solo un recuerdo”, dice Francisco Caluña, productor de Chibuleo.
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Hoy, los indígenas de este sector ven con nostalgia cómo en las últimas semanas la cebolla ha alcanzado precios nunca antes registrados. En las tiendas de Guayaquil se vende la libra entre $ 0,70 y $ 0,80. En Ambato se negocia hasta en $ 100 la mula (dos quintales del producto).
Pero ellos reclaman por la falta de créditos y capacitación, porque se impida el ingreso de productos foráneos. “Nadie valora nuestro trabajo. Ahora que ha subido el precio reclaman y quieren lo más barato... A esta comunidad no ha llegado ningún apoyo. El Gobierno dice en la televisión que apoya la producción, pero nada. Nunca vienen a decir produzcan, nosotros los capacitamos”, afirma Kani Caluña, dirigente de Chibuleo.
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La producción de cebolla ahora se da en el norte de Ambato, hasta el límite con Cotopaxi. Allí, en Puerto Arturo, hay decenas de cultivos intercalados con papa, maíz, tomate de árbol y otros. Gonzalo Medina, por ejemplo, tiene tres de sus cinco cuadras con cebolla colorada.
Él señala que este cultivo necesita mucha inversión. La libra de semilla cuesta $ 200 y para una cuadra se necesitan cuatro. Al inicio se gastan $ 2.000 en abono. Además del permanente riego, la cebolla colorada se debe fumigar cada semana durante cinco meses, con un gasto de $ 40 por hectárea. Solo el último mes no se lo hace.
“Esto demanda mucha plata y acudimos a préstamos privados. No se puede hacer en el Banco de Fomento (estatal) porque quieren que hipoteque el terreno, y dan poco”, dice Medina.
La cosecha es variable, entre 200 y 400 quintales por hectárea. Eso obtiene en estos días Moisés Martínez, productor de La Colina, de la parroquia ambateña Izamba. Afirma que pese a que hay buena cosecha, esta es insuficiente para el mercado nacional, pues solo en Tungurahua está la mayor producción.
También se cultiva en las provincias costeras de Manabí y Santa Elena, pero de la variedad perla, de poca demanda y más barata en otras épocas, aunque ahora está al nivel de la roja.
Otra causa: en Perú, de donde entra por Huaquillas, también está cara ($ 48 el quintal). “Hace 20 días dejó de ingresar cebolla en cantidad porque los comerciantes debemos pagar hasta $ 8 de impuestos en la Aduana”, dice Esperanza Astudillo, de la Asociación de Cebolleros.