La dictadura fascista de 1963 - 1966

Era el año 1964 y Rafael Correa Icaza llegó a trabajar en la Municipalidad de Guayaquil.

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Su hijo, el actual presidente Correa Delgado, estaba en su primer año de vida.

Venía de colaborar bajo el mando de la Jefatura Civil y Militar de la dictadura fascista y represiva de 1963 - 1966, protegida y auspiciada por Estados Unidos de América y, por eso, rabiosamente anticomunista.

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Vimos que no era político ni había actuado en actos de represión, y lo bromeábamos ¿.y tú, cómo así llegaste ahí?, él respondía: ¡.Yo qué sé!

Semanas antes de su muerte -1995- me visitó en el Rectorado de la Universidad de Guayaquil, estaba con necesidades, y en la conversación le recordé su expresión ¡Yo qué sé!, que había marcado su vida, invocándole serenidad para que aun en la necesidad haga un plan de vida.

Y casi medio siglo después

Su hijo Rafael Correa Delgado es figura estelar internacional en la radicalización contra Estados Unidos de América.

Seguro que el ingreso como "asilado" a la Embajada del Ecuador en Londres, de Julian Assange, el ícono del espionaje informático de los archivos diplomáticos y militares de Estados Unidos de América el 19 de junio del 2012 fue negociado con el gobierno ecuatoriano. Había que darle una lección al imperio y Correa ha asumido ese rol histórico.

La espera para "decidir el asilo", no fue porque el Gobierno deshojaba margaritas, "sí" o "no" concedía el asilo, sino que había que preparar el escenario y las adhesiones internacionales. Y Correa fue premiado en su audacia por la arrogancia imperial del funcionario ministerial inglés que amenazó al Ecuador privar a la sede de la Embajada de la inmunidad diplomática para detener y extraditar a Assange, en base a una ley violatoria de instrumentos internacionales, que además -después del conflicto con Libia que la generó en 1987- nunca la ha aplicado el Reino Unido.

Hasta ahora la administración Obama y el Departamento de Estado norteamericano manejan en bajo perfil sus reacciones respecto a Assange y a Correa. Contra el primero dicen que no se le ha abierto proceso alguno, para que se les acuse de que se le quiere llevar a condena de pena de muerte o de cadena perpetua; contra el segundo, no han pasado de expresar su desagrado por su decisión.

Correa, en cambio, profundiza su radicalización.

Facilitó el balcón de la Embajada en Londres para que el 19 de agosto del 2012, Assange acuse "la cacería de brujas" de la Administración Obama. Fue intervención escrita, por lo tanto, preparada y consultada, no improvisada, la de Assange, que no debería ser esperable bajo la condición del asilo protegido por el Ecuador, a menos que el gobernante ecuatoriano asuma como cierta la afirmación de Assange.

Y hay más, ante un editorial del diario liberal The Washington Post, sobre los riesgos del Ecuador por la radicalización contra el poder norteamericano, la respuesta de Correa el pasado miércoles 22 de agosto no fue al diario, sino a la clase política de Estados Unidos: ".que hagan los que les dé la gana", y continuó "y si quieren alguna contribución del Ecuador para un curso de ética y de capacitación en derechos humanos, cuenten con esos recursos".

En lo personal, creo en la transparencia y no en el ocultismo, por eso la piratería informática contra cualquier poder pienso que desnuda las reales condiciones en que se ejerce. Cuánto bien le haría al Ecuador transparentar las decisiones y las acciones del actual Gobierno, en cuyo entorno impera el ocultismo de la corrupción.

¿Hasta dónde va a llegar Correa, en el caso Assange? Por ahora está envanecido por el entorno de intelectuales y activistas de izquierda de fuera del Ecuador. Ojalá Inglaterra no amenace con otra torpeza que auspicie el envanecimiento y que Estados Unidos no asuma posiciones imperiales contra el Ecuador, dejándose entrampar en la fraseología de Correa.

¿Y el Ecuador de los últimos días, a más de Assange?

Está el entorno que gobierna.

Ahí pasa de todo.

El "pico a pico" con los Abdalá Bucaram, padre e hijo. El voto del PRE en el Tribunal Supremo Electoral el año 2007 fue el decisorio para consolidar el camino hacia los plenos poderes del presidente Correa. ¿Hubo acuerdo político?, la frase inspirada en la Biblia "por sus hechos los conoceréis", parece ser la respuesta. Pero, de eso al vendaval de tachas de lado y lado, hay una distancia ética que no se está respetando, con la diferencia de que Abdalá Bucaram Ortiz se llena de terribles bascosidades que se quedan en las palabras y los del entorno gobernante a las palabras les unen acciones repudiables, cuales son mofarse de los hijos de Abdalá Bucaram Pulley y Gabriela Pazmiño, a partir de llamarlos los hijos del PRE, hasta pretender que a los menores Bucaram Pazmiño se los someta a un examen sobre su condición psicológica. Dirán que esto último lo ordena un juez, pero en lo que hay interés de Correa y su entorno no se toma una decisión judicial que no sea bajo sus instrucciones.

Y a propósito, ¿será creíble la idoneidad de Baltasar Garzón para informar sobre la veeduría de hechos consumados en la justicia ecuatoriana, cuando es el principal aliado de Correa en la defensa de Assange?

Lo demás va en lo mismo: privilegiar la campaña política y encubrir la corrupción.

¿Qué piensa usted, lector?

¿ '¡.Yo qué sé!' Será algún día la explicación del poder?