La provisión de agua potable para toda la ciudad en este año adquirió carácter de certeza ciudadana en la visión y oferta progresista del alcalde Jaime Nebot. El multifacético desarrollo de Guayaquil así lo confirma. Los hechos están a la vista de todos. Los antiguos guayacos satisfacían sus cotidianas necesidades de agua recogiéndola en las lluvias, acarreándola del río en botijas y bototos o comprando los barrilillos que en sus burros ofrecían los aguateros al grito de: “¡Agua!, ¡agua!”. Con el tiempo, la población se abastecía de unos cuantos pozos de donde salía líquido bueno (se conserva aún el nombre tradicional de “boca del pozo”); también del líquido que traían en balsas desde Petrillo.

El 7 de julio de 1891, los guayacos recibían alborozados la llegada del agua conducida por tuberías desde la vertiente y cascada de Agua Clara (30 kilómetros de Chimbo) hasta al pie del cerro Santa Ana, esto es 85 kilómetros, y 1.700 metros del sifón subfluvial Durán-Las Peñas; aunque la distribución del líquido al vecindario hubo de esperar hasta el 31 de diciembre de 1901, pues se tenían que construir e instalar previamente los reservorios en las faldas del cerrito verde. En verdad fue un gran acontecimiento.

Hoy estamos próximos a un nuevo acontecimiento, un día de este año 2012 quedará registrado un suceso de primera importancia: toda la ciudad estará cubierta por el servicio de agua potable para beneficio de la salud pública y de la comodidad tan deseada por miles de familias. Será la satisfacción de un sueño de más de 450 años que celebraremos como merece, y grabaremos la gratitud del pueblo a su Municipio y a su alcalde Nebot.

Víctor González Suasnavas,
Guayaquil