Al padre Helmut Nagorziansky le tomó por sorpresa enterarse de que hoy recibe el título honorífico de prelado por parte del papa Benedicto XVI, junto a los sacerdotes Carlos Cuadrado y José Heissenberger.

En tanto, los curas Roberto Pazmiño, Plácido Muñoz, Jorge Andrade, Ricardo Merchán, Lothar Zagst, Stanley Henriques, José Giner, Othmar Staheli, Cornelio Kiely y Mario Pazmiño serán nombrados capellanes.

La ceremonia en la que participarán los homenajeados y varios padres más se efectuará en la Catedral desde las 18:00.

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El arzobispo de Guayaquil, monseñor Antonio Arregui, explicó que estas designaciones de la familia pontificia son una manera de reconocer la trayectoria de servicio de muchos años de los clérigos.

“Cómo no reconocer la validez de su perseverancia. Ese fue el criterio con el cual fueron propuestos”, refirió.

Asimismo, precisó que las distinciones no implican ningún cambio en la actividad pastoral ni en la jurisdicción.

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Sin embargo, los trece curas se distinguirán en ceremonias especiales de los otros eclesiásticos por sus atuendos. Los capellanes vestirán una sotana blanca con bordes del traje y faja de color violáceo. Ellos serán nombrados monseñores.

Mientras que los prelados (que ya tienen esa denominación) vestirán una sotana y faja de color violeta, reseñó monseñor Arregui.

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“No había pensado en eso nunca. Estoy contento de servir a la Iglesia y no he buscado nada de honores”, comentó el padre Nagorziansky.

El clero, de nacionalidad austriaca, se ordenó como cura en 1965. En su país natal se mantuvo durante 22 años en diferentes parroquias. Llegó al Ecuador como misionero en 1987, enviado por la Arquidiócesis de Viena.

“Llegué a Daule a la parroquia Nuestra Señora del Carmen. Allí estuve once años de párroco misionero”, recordó.

Luego de este periodo pasó a ser párroco de la iglesia El Señor de los Milagros y vicario episcopal de Daule-Balzar, por once años más.

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Desde hace poco más de dos años, Nagorziansky es párroco de la iglesia Jesús el Buen Pastor en Las Orquídeas y vicario general de la Arquidiócesis de Guayaquil.

“No he querido regresar, aunque me han ofrecido a mi tierra (…) porque siento que aquí el sacerdote y la comunidad eclesial, la Iglesia está más cerca del pueblo”, dijo.

Para el sacerdote Roberto Pazmiño, de 69 años, ser capellán es un compromiso que lo motiva a seguir trabajando en la vida pastoral.

El clero se ordenó el 6 de abril de 1969. “Era un domingo de Pascua”, recordó y añadió que a la semana de haberse ordenado, monseñor César Mosquera, primer arzobispo de Guayaquil, renunció a esta función por enfermedad.

Como párroco de Nobol fue partícipe de la celebración de los 100 años de la muerte de Santa Narcisa de Jesús.

Luego de dos años y medio de estar en Nobol, Pazmiño fue enviado a Roma a estudiar.

A su regreso fue asignado a la iglesia parroquial del cantón Jujan. Desde aquí lo trasladaron a Yaguachi, donde permaneció once años.

“Ahí me tocó trabajar para que el papa Juan Pablo II eleve la Iglesia a la dignidad de basílica”, reseñó.

El padre Pazmiño contó que como párroco de Yaguachi recibió una reliquia de San Jacinto (de nacionalidad polaca), patrono de la ahora Diócesis.

“Se trataba de un cofre con un fragmento del cráneo de San Jacinto que permanecen en la Catedral de ese cantón para veneración”, manifestó.

El padre Stanley Henriques también asumió su título honorífico como un incentivo para continuar su servicio en favor de la Iglesia y los fieles.

“Realmente siempre he trabajado con un espíritu de servicio y entrega”, aseveró.

Henriques fue ordenado sacerdote en el santuario María Auxiliadora de Cuenca el 26 de julio de 1981.

Un año después fue designado a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Cuenca, donde permaneció 18 años.

De 1999 al 2008 estuvo a cargo de la iglesia Nuestra Señora de la Alborada, en Guayaquil, y desde ese año hasta la actualidad se desempeña como rector del santuario nacional Santa Narcisa de Jesús, del cantón Nobol.

“Preparé la misa de acción de gracias por la canonización de Santa Narcisa”, indicó.

De su experiencia al frente del santuario, afirmó que una de sus principales actividades ha sido promover la devoción por la santa ecuatoriana.

En este marco, refirió que le llena de satisfacción ver distintos rostros en cada misa que se celebra los domingos.