“Ni al país ni al presidente le convenía este caso”. “Tenemos a los (organismos) de derechos humanos encima y eso no es bueno”. Así decían algunos de los simpatizantes de Alianza PAIS en la cooperativa 22 de Abril, en la isla Trinitaria de Guayaquil, al seguir en pantalla gigante el anuncio que hacía el “compañero Rafael” (quien demandó como ciudadano a EL UNIVERSO) desde el Palacio Presidencial.

A las siete de la mañana tres camiones de una empresa que organiza eventos llegaron hasta un parque de este barrio, ubicado a un costado de la vía Perimetral. Fue el sitio escogido para la transmisión. Allí se instalaron cuatro carpas con 60 sillas bajo cada una. Pero no todas fueron ocupadas. Había más apiladas. “Nos contrataron mil”, dijo un trabajador.

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Eran las 08:00, faltaba una hora para el acto. A Alexandra, una señora que pasaba por allí llevando el pan a su casa, le inquietó ver unos doce policías. Normalmente no se ve a tantos por ahí. “¿Qué pasa?”, preguntó. “Va a hablar Correa”, le contestó una vecina. “¿Vienen a ver al presidente o al ciudadano Rafael?”, bromeó un joven.

Quince minutos antes de las 09:00, los que habían llegado miraban en la pantalla gigante una novela “de esas viejas”, que transmite un canal incautado. “Lo que nos interesa es el fin de esta otra novela”, la del juicio, dijo un vendedor de bolos que se paró allí a ver si le funcionaba el negocio. Hacía calor y los folletos de un ministerio, con información del año pasado, que fueron entregados a los asistentes sirvieron para agitarlos y refrescarse.

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Llegó la hora del discurso. Las sillas no usadas eran devueltas al camión. Tras el anuncio de Correa la gente aplaudió, se apagó la pantalla y empezó el baile de un grupo juvenil.