Eran las 21:40 del pasado sábado 21 y la noche recién empezaba en Urdesa, la farra en la Víctor Emilio Estrada nacía en la calle Cedros, en la discoteca Ópera, donde el ambiente se empezaba a prender a una hora de que el local abriera sus puertas al público que ya se agolpaba en la entrada.

Eso significaba que el ambiente aún era familiar y así lo demostraron José Ávila y su esposa Ana Ortega, quienes disfrutaron de una pizza en Domino’s. “Urdesa es un buen lugar para pasar un rato ameno en familia”, mencionó José, a quien dejamos cuando todavía decidía a qué otro lugar visitar.

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A lo lejos, las luces de neón y un barullo dominante nos anunciaba que estábamos a punto de caer en la parada obligatoria de quien se crea un farrero, uno de los bares más añejos de la zona, El Manantial (el que abre y se llena cuando todos los demás están cerrados), en la avenida Las Monjas; ya el reloj marcaba las 22:30.

Después de una cerveza vestida de novia, un piqueo de suavetón y una muy buena compañía, las risas y la buena onda nos llevó hasta la mesa en donde Jazmín Tircio, de 29 años, planeaba con sus amigos Mariuxi Andrade, Carlos Suárez y Jorge Perlaza la próxima farra y no era para menos, ese día estos chicos, que se conocieron en la escuela San Juan Bautista de la Salle, se reencontraron tras 20 años.

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“Es increíble que nos volvamos a encontrar y todo fue por el ‘maldito o bendito’ Facebook”, comentó entre risas Carlos, quien no dejaba de recordar las travesuras que hacían de pequeños.

Mientras los farreros se ponían al día, en otro sector del bar Fanny Garcés, Simoneth Baquerizo y Alexandra Macías ponían de cabeza al público masculino que miraba cómo estas bellas impulsadoras llenaban sus jarros de cerveza y otras cosas más, bajo las miradas celosas de aquellas que también disfrutaban del momento.

“Este es el lugar perfecto para pasar un buen rato, he venido tantas veces que creo que ya soy socio del bar”, bromeó Geovanny Aguilar, de 24 años, mientras disfrutaba de la buena vista.

El arte en el semáforo

Con ganas de volver, Viva se despidió de El Manantial, pero fue cuestión de segundos para que una llamarada capturara nuestra atención. Era José Sornoza, quien con la edad de Cristo encima, no tenía reparos en vestirse con un colorido atuendo para hacer peligrosas piruetas con gasolina y fuego en el semáforo de la av. Las Monjas.

Eran las 23:40 y este carismático trotamundos ya tenía una hora en el sitio, sacándole el jugo a cada luz roja, un zumo de unos $ 20 la noche aproximadamente, confiesa este personaje, que pese a las ganas que le ponía a su show a ratos se sentía en otro lugar. “En estos momentos hay una convención de malabaristas en Quito”, nos dijo algo triste por no estar presente, mientras mojaba con gasolina los extremos de su barra de metal recubierta de tela jean y caucho.

Sin embargo, rápidamente su ánimo sube cuando el semáforo muestra la luz roja. Este artista de la calle, con nueve años de trayectoria y que ha recorrido todo el país, sabe que no fue la última ni la primera convención a la que no asistirá o no estará presente para aprender más y más de otros de su oficio.

El reloj ya había marcado hace rato la medianoche y nos tocaba dejar a José con su sombrero medio lleno de monedas para enrumbarnos hacia el noroeste. El bar Chapus y la discoteca Privilegue estaban casi de portazo, ya no cabía un alma, aunque algunos no perdían las esperanzas de entrar.

Otros, que ya habían salido del cero en su kilometraje ya buscaban los típicos lugares para hacerse de una buena hamburguesa, hot dog, sándwiches de lomo o mixtos para recargar energías. Cerca estaba el local del Capi y los shawarmas de la calle Guayacanes, pero sin duda uno de los más visitados y longevos son los sándwiches de El Gordo y El Negro.

Íbamos hacia la 01:00 y en la plancha, atrás de una carretilla de aluminio, Roberto Bolaños se mostraba diestro en preparar los rellenos de los tacos y sándwiches de lomo bajo la atenta mirada de comensales como Adrián Vélez, quien ya no podía esperar más.

“Chuta loco, después de tomarse unas bielitas no hay nada mejor que un sándwich de lomo”, nos comenta Adrián, quien nos reveló sus lugares preferidos en la Víctor Emilio Estrada, el Bar Walker en Circunvalación Sur y el bar karaoke El Balcón, en la calle Jiguas.

Y con la recomendación estábamos obligados a visitar El Balcón. Nos recibió uno de los últimos éxitos de Marc Anthony coreado por Katty Román y sus amigos que muy animados cantaban en el karaoke. ¿Cuál es su atractivo?, le preguntamos, ¿el mio o el del bar?, nos respondió esta bella guayaquileña, quien aseguró que la vista desde el balcón del bar es única y así lo comprobamos, cuando ya el reloj marcaba la 01:59, pero a lo lejos se divisaba más diversión, restaurantes y cangrejales, era la ciudadela Miraflores, pero eso será otra noche de sábado para Viva Guayaquil.