Cansados de la crisis económica y política que tienen al país con el índice de desempleo más alto de la región, miles de ciudadanos, a los que se suman migrantes ecuatorianos, se levantaron en una protesta inédita que sacude los cimientos del Estado en exigencia de cambios. Un nuevo éxodo español se anticipa.

La mirada taciturna del guayaquileño Juan Ullauri se pierde en un mar de mensajes de los “indignados” que estos días copan la Puerta del Sol de Madrid. La literatura urbana de la “spanish revolution” que se riega en el epicentro de la capital española ha colocado contra las cuerdas a los partidos políticos tradicionales en la recta final de la campaña de las elecciones autonómicas y municipales. En plena jornada de reflexión la gente se echó a la calle. No hubo prohibición que valga, ni de la Junta Electoral ni del Tribunal Supremo. ¿Cómo acabará y cuándo? Nadie lo sabe. Tampoco cómo incidirá en los resultados de los comicios (a finales de abril, el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas daba al Partido Popular una ventaja de 10,4 puntos respecto de los socialistas, el partido del presidente español José Luis Rodríguez Zapatero).

Sol, como se conoce al lugar de concentración, y kilómetro cero de esta ciudad, recoge el desencanto de una sociedad que ha pasado de disfrutar épocas de bonanza a sucumbir a una de las peores crisis económicas. Hoy en día la vida en esa tierra promisoria de antaño es para muchos una pesadilla. Estremece poner nombre y apellido a los 4’910.200 desempleados que registró la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre.

Sobran razones para el descontento. El viernes, el quiteño William Aldaz, guardia de seguridad en paro (desempleado) desde hace cuatro meses, deambulaba con un café en la mano entre las carpas instaladas en uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad. El escenario escogido para tomar las uvas de fin de año, a la espera de prosperidad, es en estos días un campamento repleto de almas que exigen un cambio profundo.

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Hablan de crisis. No solo política. También económica. Y de valores. No se sienten representados por las autoridades que años atrás escogieron en las urnas. “Nos han colocado al borde del precipicio”, se lamenta el estudiante de filosofía Andrés Higueras (pelo largo, ojeras profundas después de tres noches durmiendo a la intemperie). “La transformación debe ser profunda. Queremos que nos gobiernen personas comprometidas con los intereses ciudadanos y no con los mercados”, exclama Óscar Rivas, ingeniero de sonido reconvertido en portavoz de la plataforma Acampada Sol. Cerca de él una riada de mensajes (“PP y PSOE. Si me queréis, irse”, “Basta de bipartidismo. Democracia real ya”, “Cuidado, el pueblo está enojado”), dan cuenta de ese descontento.

El embrión de todo: un grupo en Facebook y un éxito editorial firmado por Stephane Hessel. Plataforma de Coordinación de Grupos Pro Movilización Ciudadana se denominó el primero e “Indignaos” es el título del segundo. El libro se ha traducido a 30 idiomas. Circula entre los colchones desperdigados sobre los adoquines, pero también es compañero de viaje de numerosos usuarios del transporte público. Fue clave en la organización de la marcha del pasado 15 de mayo bajo el lema “Democracia Real YA. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”.

A primera hora de la mañana del viernes sobraban los dedos de la mano para hallar a algún inmigrante entre los manifestantes. La presencia policial ahuyenta a más de uno. Temen acabar deportados por carecer de unos “papeles” que no pudieron renovar por culpa de la falta de trabajo. Son los más golpeados por la crisis (631.177 extranjeros están desocupados, 45.398 ecuatorianos cobraban hasta marzo una prestación por desempleo). Durante la noche se mezclan con la multitud que agolpa el corazón de la ciudad (unas 28.000 personas se reunieron en la madrugada del sábado).

El perfil de los “indignados” es heterogéneo, pero el motor de esta movilización inédita es la generación que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha denominado como “pérdida”. El organismo alerta del sustancial incremento del desempleo juvenil, pese a ser el conglomerado mejor formado de la historia de España. Uno de cada dos jóvenes carece de un trabajo en la Península. Prácticamente la mitad de los menores de 25 años (45,4%) se encuentra desempleada, según la última Encuesta de Población Activa. La cifra duplica a la media europea (20,7%) para el mismo grupo de edad. En comparación con otros países europeos, la situación de España escandaliza a cualquiera. Dos ejemplos: en Eslovaquia la tasa es del 32,7% y en Holanda, del 6,9%.

El Consejo de la Juventud (CJE) recabó datos del cuarto trimestre del 2010 en los que se refleja que el 37,7% de los jóvenes activos dispone de un contrato temporal, 13 puntos por encima respecto a la población total. Los salarios son precarios, menos de mil euros al mes (1.430 dólares), para una mayoría.

Pocos auguran un futuro prometedor. La Fundación Santa María en su último informe recopiló la opinión de este grupo que se mostraba convencido –en un 62%– que la crisis económica actual tendrá un “impacto negativo” en mi futuro profesional y personal.

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Escasean las oportunidades. En Puentes Global, una fundación destinada a promover la movilidad laboral principalmente en el colectivo de los inmigrantes, cuatro de cada diez interesados en abandonar el país europeo para invertir a través del sistema de franquicias en el exterior tienen pasaporte español.

“El perfil es muy variado, sus edades van de los 25 a 45 años. Hay personas que no han conseguido un primer trabajo y otras con estudios de postgrado y experiencia laboral de más de una década que llevan en el paro más de 24 meses y no encuentran un empleo”, explica la directora de la entidad, Conchita Galdón.

Su propósito, añade, es el de “emigrar a cualquier país donde puedan tener una oportunidad”. Época de hacer maletas. El éxodo involuntario de una hornada de profesionales apunta a Latinoamérica, como ocurrió en tiempos no muy lejanos. Los destinos preferidos son México, Perú y Argentina. En Europa, Alemania.

España dejó de ser también para los extranjeros fuente de prosperidad. La experiencia en territorio ibérico es un punto y seguido en el proceso migratorio. El trasiego continúa. William Aldaz agota las horas del día asistiendo a la escuela de idiomas. Quiere afincarse en Estados Unidos. Juan Ullauri ha colocado a Italia como su próximo lugar de residencia.

Huyen porque el dinero no alcanza para llegar a fin de mes. Están endeudados hasta las cejas por unas hipotecas impagables (los desahucios se triplicaron, de 58.000 a 180.000, en dos años, sostiene el Consejo General del Poder Judicial) como muchos de los padres de los jóvenes que pernoctan en Puerta del Sol y son apoyados también en otros países del mundo.