Hace 43 años entró por primera vez a la escuela República de Venezuela y se quedó.
Es miércoles y en el paralelo A del quinto año de educación básico enseña a sus 39 alumnos sobre la incidencia de la corriente fría de Humboldt en el clima del Ecuador.
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Se trata de Gladys Margarita Veintimilla Zavala, quien a sus 63 años de edad imparte clases en dicho plantel, situado en las calles Tulcán y Argentina.
Esta maestra manifiesta que el hecho de ejercer la docencia es como ser madre dos veces: “en el trabajo y el hogar”.
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Manifiesta que a lo largo de su carrera se ha empeñado en impartir a sus alumnos valores como la honestidad, el amor, la unidad y el trabajo.
Sostiene que en sus cuatro décadas de labor se ha ganado el aprecio de exalumnos, quienes en ocasiones la visitan y le expresan su gratitud. “Son bendiciones que uno gana en la vida”, dice Veintimilla, mientras sus alumnos permanecen tranquilos en sus asientos.
Confiesa que no se siente aburrida de haber tenido su único trabajo en el plantel. “Hay que innovar y crear para educar, no nos podemos regir al pie de letra de lo que dicen los libros, son solo una guía”.
Esta madre de cuatro hijos y cuatro nietos aconseja: “Para ser madre y docente hay que tener amor”. De pronto la campana interrumpe y los niños salen presurosos al recreo. La maestra los observa, sonríe y exclama: “Nada se compara a la alegría de un niño”.