En el barrio Virtud de Dios del sector El Capricho, en el cantón Arosemena Tola (provincia de Napo), aún están las huellas del combustible y el aceite que dejó el avión Twin Otter de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) que el pasado 20 de enero se precipitó a tierra con seis militares que resultaron muertos.

Allí también persiste el temor de los moradores y especialmente de Élder Pucha Guingla, quien asegura que ocupaba la casa que fue destruida por el impacto de la aeronave que cumplía el vuelo entre Shell, en la provincia de Pastaza, hasta Tena, en la de Napo.

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La vivienda, propiedad de su hermano Guillermo Guingla Guingla, quien hasta hace dos años residió allí, estaba desocupada en el momento del siniestro. Pucha explica que, como todos los días, salió a trabajar a una finca en la comunidad Simón Bolívar.

Pero sus vecinos le comunicaron del accidente y al llegar al barrio se encontró con el inmueble destruido. “Hasta una cama que tenía para dormir quedó hecha pedazos, pero afortunadamente no tenía nada más en la casa. En ese instante conversé con personal de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) para ver cómo me iban a reponer la casa”, comenta.

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Dice que ese jueves del accidente y el lunes que volvió a dialogar con personal de la FAE que llegó al lugar del siniestro se le ofreció ayuda. “Esta semana me preguntaron si quería el apoyo en efectivo o la casa reconstruida. Les dije que me dejen tal como estuvo la vivienda antes de que caiga el avión”.

No obstante, menciona que no hay fecha definida para que se concrete la ayuda porque le indicaron que al momento se realiza la investigación para determinar las causas de la tragedia y que después le construirán la vivienda nueva.

Destaca que él está al frente de la gestión porque su hermano trabaja en Quito. La vivienda fue construida hace cuatro años por el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda. El reclamo también lo hizo su abuela, Dioselina Guingla, quien aseguró que la FAE ofreció la ayuda.

Habitantes del barrio Virtud de Dios señalan que se asustaron mucho cuando presenciaron el accidente y más aún al ver que afectó la casa que ocupaba su vecino Pucha.

“Yo vi cuando a lo lejos explotó algo del avión... hubo dos sonidos fuertes como cañonazos antes de caer en la casa. Allí todavía quedan las huellas del combustible y el aceite”, advierte María Tucupí, y agrega que su vecina María Alvarado y otras personas con las que lavaba oro en el río Anzu pensaron que el avión les caería encima.

Añade que nada se pudo hacer por salvar la vida de los tripulantes del avión. “Solo uno parecía que estaba vivo, pero se lo veía mal”, recuerda.

Mientras, Mauricio Silva Rodríguez, comerciante, asegura que como todos los jueves el día del accidente llegó a El Capricho, en el km 51 de la vía Puyo-Tena, y observó que el piloto del avión intentó clavarse en el río, “seguramente para salvarse cayendo al agua”, pero una ala impactó contra un cable de la tarabita que hay en el lugar e hizo que el aparato fuera con fuerza hacia la casa de Guingla.