El 14 de septiembre del 2007 se firmó el contrato para la construcción del puente Bahía-San Vicente, de casi 2 kilómetros de largo.

El plazo previsto para la culminación de la obra fue de 30 meses, en principio, a un costo de 89 millones de dólares. Pero en diciembre del mismo año, el pago de indemnizaciones a los propietarios de terrenos y casas por donde se construyeron los cimientos de la obra retrasó el inicio de los trabajos.

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La última semana de abril del 2008 se empezó a colocar los primeros pilotes que llegan a una profundidad promedio de 14 metros, justo en la margen donde se encuentra la tierra con el mar y donde empezará el tramo central de la vía.

En noviembre del mismo año, nuevamente se paralizó el trabajo porque la empresa Imeteco, encargada de elaborar los soportes de la estructura vial, no había recibido el anticipo de 4 millones de dólares de parte del Ministerio de Economía y Finanzas, para entregar los implementos.

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Superados los inconvenientes presupuestarios, el mes siguiente, el viceministro de Transporte y Obras Públicas, Jorge Cevallos Orozco, ordenó, mediante una carta, parar la edificación del puente sobre el estuario del río Chone, y en la misma disposición exigió al Cuerpo de Ingenieros del Ejército (CIE) construir el viaducto con los diseños elaborados hace siete años por la compañía Consulsísmica, contratados por el antiguo Ministerio de Obras Públicas, y que propone colocar pilotes barrenados en el lecho marino.

En el mismo documento, Cevallos señaló que el rediseño propuesto por la CIE no fue aprobado por la fiscalizadora. Pero Jorge Marún, ministro de Transporte y Obras Públicas de ese entonces, aclaró que se trató de un malentendido.

En enero del 2009, Marún dispuso la reanudación de la construcción sobre el estuario del río Chone. Hasta esa fecha los avances no eran los adecuados respecto del plazo previsto, abril del 2010.

Cerca de la fecha límite de entrega, 30 de abril del presente año, los trabajos habían superado apenas el 60% de la obra, y se otorgó una prórroga de seis meses.

En junio pasado, el puente Bahía-San Vicente empezó a adquirir su forma final.

A mediados de este mes se iniciaron los trabajos de asfaltado en las aproximaciones al puente, que dejará obsoletas las pangas y la gabarra que durante varias décadas han transportado a quienes quieran pasar de Bahía de Caráquez a San Vicente, o viceversa, obra pública en la que los oriundos tienen puestas sus expectativas para que el comercio se incremente.

Finalmente, hoy los 24 mil metros cuadrados, 1.980 metros de largo por 13 de ancho, que forman la obra vial más larga del país, ubicada sobre el brazo de mar más extenso del Ecuador, están abiertos al público.

A un costo final de 102 millones de dólares y con la mano de obra de más de 300 trabajadores, una de las obras viales más esperadas por los manabitas es una realidad.