AGENCIAS
MINA SAN JOSÉ, Chile.- El Campamento Esperanza es como una gran olla llena de gente, que se cuece con los 30 grados de calor del mediodía en el desierto chileno. Se estimó que en la tarde de ayer albergaría entre 3.500 y 4.000 personas durante el rescate de los 33 mineros.

Mas de 2.000 periodistas llegaron para cubrir la noticia, a los que los propios mineros les pidieron paciencia.

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Ellos acechaban las carpas de las familias de los mineros atrapados, en una competencia feroz en busca de una declaración, una sonrisa para la cámara o una lágrima que permita un buen cierre de una nota.

La falta de espacio hizo que varios periodistas ingresaran a la carpa que normalmente los familiares usan como comedor, para poder escribir en las mesas. Su presencia molestó a los familiares. Por eso, tras pedir que se retiraran, alguien escribió en un cartel el mensaje en inglés: "Please, do not use the eating area for work space" (Por favor, no usar el comedor como área de trabajo)".

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Conforme se fue acercando la fecha del rescate, el número de familiares y periodistas llegados de todas partes del mundo ha crecido, instalándose en cientos de carpas, casas rodantes y estableciendo sus oficinas bajo toldos y lienzos.

El gobierno local ha distribuido cada día de 1.000 a 1.500 raciones de comida entre los habitantes del Campamento Esperanza, que rodea la mina y está copado por los móviles de la prensa.

"No he visto tanta atención mediática desde el Apolo XI (el cohete que llegó a la Luna en 1969)", dijo recientemente el animador Mario Kreutzberger, Don Francisco, quien también llegó con sus cámaras a esta especie de pueblo que con los días ha crecido en torno a la mina San José, donde los mineros quedaron atrapados desde el 5 de agosto.

El movimiento mediático se daba mientras socorristas e ingenieros ultimaban los detalles de la operación para el rescate de los mineros por un estrecho ducto de 66 cm de diámetro y 622 metros de extensión, a través de una jaula de metal con los colores de Chile.

Para hacer frente a tamaño gentío, la Policía dispuso que 350 oficiales se encarguen de la seguridad de la zona y definió un perímetro de seguridad para impedir el paso de curiosos, con anillos de seguridad a 2 km, a 4 km y a 6 km de la mina.

Además se dispuso control en las rutas de acceso a la mina. La Policía demarcó también con rejas metálicas la gran calle por la que se accede a la mina.

Sobre esta avenida en medio del desierto de Atacama, periodistas también deambulaban en busca de los familiares de los mineros, para sacarles alguna declaración.

La abundancia de gente ha beneficiado especialmente a los taxistas de Copiapó, la ciudad más cercana, que llevan y traen personas durante todo el día por un trayecto de unos 45 km y que cuesta unos 170 dólares por recorrido.

Otros que también han sacado cuentas alegres han sido los proveedores de baños portátiles, esenciales para esta zona en medio del desierto.

"La demanda de baños creció en 70%. Ya nos quedamos sin stock y hemos tenido que traer 200 baños más para cumplir con compromisos de otras minas", dijo Domingo Varas, dueño de la empresa Vardor.

"Tenemos 40 baños portátiles en la mina San José, 20 son gratuitos para los familiares y otros 20 alquilados a los medios de comunicación", explicó.