Son 35 kilómetros de un estrecho, polvoroso y accidentado camino, desde la carretera que conecta a la provincia de Cañar con el Guayas. Pese a las dificultades para el ascenso en vehículo hasta la comunidad de Ger, de la parroquia Gualleturo, al llegar se observa casi una decena de viviendas de hormigón de hasta cuatro pisos.

De una de ellas, pero de las que aún prevalecen de adobe, piso de tierra y tejado, salió hace dos meses Luis Freddy Lala Pomavilla, 18 días antes de cumplir la mayoría de edad, con la intención de llegar a Estados Unidos en un viaje ilegal.

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Las deudas que adquirieron su padre, M.L.L., hace seis años, y su madre, J.P., hace dos, con traficantes de personas que los llevaron hasta Estados Unidos en un viaje similar, y que hasta la fecha no terminan de pagar, motivaron a que este joven emprendiera el periplo.

Pero también la pobreza en la que vive con su esposa, M.A.L.L., de 17 años, sus ocho hermanos menores y su abuela M.J.L.C. fue otra de las causas que lo impulsaron a salir de la casa, “pese a que le rogamos que no se fuera”, dijo ayer, entre lágrimas, su hermano G.L., que tiene 16 años.

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En Ger viven unas dos mil personas, todas son parientes; allí, en algunos sectores es esporádica la comunicación celular y no existe la telefonía fija; tampoco hay servicios básicos y las personas se informan por lo que llega a través de las radios y televisoras locales.

Por esa razón, hasta la medianoche del miércoles todos ignoraban lo ocurrido con los 72 migrantes indocumentados que fueron masacrados por sicarios del cartel de drogas de Los Zetas en Tamaulipas, en el norte de México, y de la que solo él sobrevivió

Su esposa, M.A.L.L., tenía información. “A las once de la mañana (del miércoles), cuando estaba por el cerro, entró una llamada de Carlos, el coyote que le llevó. Me dijo que Freddy estaba ya en Los Ángeles y que le depositen lo que falta de plata para que ya pueda salir a encontrarse con los papás”, contó la joven, con cuatro meses de embarazo.

Aunque ella no estaba segura de la cantidad de dinero que su esposo entregó a los traficantes de personas, otros familiares hablaban de once mil dólares, prestados a un chulquero conocido por la comunidad.

Quince mil dólares es el pago que piden los traficantes de personas por el viaje ilegal de un migrante desde Ecuador hasta llegar a Estados Unidos.

El contacto del traficante de personas fue la tercera comunicación con información de su esposo que M.A.L.L. tuvo desde que su cónyuge dejó la casa y el pueblo. La primera fue al cumplirse un mes de su salida, cuando lo escuchó contarle que estaba en Guatemala.

La segunda noticia fue hace unas dos semanas cuando los coyotes le dijeron que estaba en México, pero ella al igual que el resto de familiares no imaginaban la situación de su esposo.

“Que le vengan a dejar en la casa, así como le llevaron los coyotes, de aquí salió sanito, así mismo le tienen que traer o si no hacemos nuestra justicia”, dijo H.L.L., tío del sobreviviente y dirigente de esta comuna indígena de bilingües, cuya lengua madre es el kichwa.

A través de una llamada recibida hace dos semanas, el sobreviviente dijo a su esposa que otros ecuatorianos, especialmente del cantón Sígsig, en Azuay, y de Chontamarca, en Cañar, se encontraban realizando la misma travesía.