“Eran las dos de la tarde y cinco minutos, se sintió un fuerte movimiento y se comenzaron a caer las paredes de los cerramientos, que en ese tiempo eran de tierra; pero después de un minuto se sintió el remezón más fuerte, todo se cayó al suelo”. Así recuerda Julio Cargua el terremoto del 5 de agosto de 1949, que destruyó Pelileo Grande (lugar del epicentro, en el sureste de Tungurahua) y otras poblaciones aledañas.
El relato lo hace junto a su esposa, María Amán. Ambos tienen 80 años y al igual que Néstor Llagua, de 72 años, relatan que quedaron paralizados al ver que las calles se abrían y luego se cerraban en forma violenta. “Los árboles se iban al suelo y todo se oscureció con el polvo; parecía que el mundo se daba la vuelta”, añade Amán.
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Los abuelos mencionan que solo en la zona murieron casi mil personas. Dos meses más tarde regresó la calma y ellos empezaron a reconstruir su pueblo, que ahora tiene unas 250 familias, aunque el reasentamiento hizo que surja el hoy cantón Pelileo, a un kilómetro.
Para recordar este suceso, el Municipio local y la reina Macarena Ramos realizan hoy un programa que incluye una misa presidida por el obispo de Ambato, Germán Pavón.
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Cuando se cumplen 61 años del terremoto, la población acepta no estar preparada para un fenómeno así. Wilson Oñate, morador del sector, indica que las autoridades más se han preocupado de instruir sobre el proceso eruptivo del Tungurahua. Vladimir Llerena, de la Unidad Técnica de Gestión de Riesgos de Pelileo, aclara que se aspira a capacitar sobre sismos y terremotos, pero se debe primero elaborar el material.