“Eran las dos de la tarde y cinco minutos, se sintió un fuerte movimiento y se comenzaron a caer las paredes de los cerramientos, que en ese tiempo eran de tierra; pero después de un minuto se sintió el remezón más fuerte, todo se cayó al suelo”. Así recuerda Julio Cargua el terremoto del 5 de agosto de 1949, que destruyó Pelileo Grande (lugar del epicentro, en el sureste de Tungurahua) y otras poblaciones aledañas.














