El Paseo de los Chagras. Miles se unen en torno al hombre de la chacra

El hijo, el sobrino, el tío, el amigo, la mamá, el gringo y hasta el nieto. Hasta los pequeños y los amigos foráneos se suman a la tradicional Fiesta del Chagra, de Machachi (en el sur de Pichincha), que en la edición de este año, de ayer, registró un aumento de mil danzantes con relación al 2009.

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La fiesta prioriza por décadas la participación familiar y el rescate de la identidad de la zona agrícola y ganadera. En grupos de 40, 60 o 100 integrantes participan las familias, arman sus grupos de danza, los carros alegóricos y cabalgatas con los atuendos chacareros.

Édgar Albuja, de 71 años y dueño de la hacienda La Aurora, participa cada año con 40 personas. “Somos aficionados, unos primos dejan todo en Nueva Jersey (EE.UU.) para desfilar. Este año viene una novia gringa de un pariente porque quiere probar la montura del caballo de un chagra”, cuenta entre risas. Él se excusó en años anteriores de ostentar la distinción de Chagra del año y Chagra del Recuerdo, elegido de entre los personajes sobresalientes. Este año prefirió desfilar con sus hijas y parientes.

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La familia Uvillús-Escobar participa con unos 100 parientes, incluidos niños. Isabel Escobar toma parte de la fiesta desde hace 15 años y vive en Machachi en una casa arrendada. “Como chagras, aunque no tengamos haciendas participamos en la fiesta por la afición”, dice. Su familia representó este año a los devotos de la Virgen del Cisne y desfiló con danzas y representaciones del páramo y de las chozas en donde vivían sus antepasados, cocinaban con leña y en ollas de barro.

La Fiesta del Chagra se institucionalizó hace 27 años, cuenta el alcalde Edwin Yánez. Pero su origen en Machachi fue como remembranza de la erupción del volcán Cotopaxi de 1887. Afirma que de un modo milagroso, las montañas del Pasochoa y el Rumiñahui salvaron a los pobladores de Tambillo y Machachi de los efectos de esa erupción. Ellos esperaron a que el coloso se cubriera nuevamente de nieve y optaron por hacer una minga ganadera para recoger y conducir a los lugares de origen a las reses, equinos y otros animales que se dispersaron por la erupción. En agradecimiento se hizo una procesión con el patrono de Mejía, el Señor de la Santa Escuela.

Esta imagen es la que regularmente abre el desfile, atrás del toro pregonero. Una semana antes comenzó un recorrido por las haciendas, con banda de músicos, para asegurar la participación. El Chagra es el hombre que labra la tierra. Su definición proviene de la chacra o solar donde está el sembrío.

El Chagra es el vaquero con botas, sombrero, caballo y un tabaco a medio fumar. Para enfrentar el frío -menos de 10 grados- lleva bajo el brazo el trago puro mezclado con agua de zunfo, una planta aromática del páramo y que da buen sabor a la bebida. El hacendado Édgar Albuja asegura que “habrá tragos malos pero no intomables”.

Al momento de montar los caballos, las espuelas rechinan como campanas; el cuero del zamarro se aprieta al cuerpo del chagra y cruje al rozar con la montura del caballo. Víctor Elejalde, dueño de la hacienda Santa Inés, guarda con esmero en una pequeña casa sus zamarros. Allí están colgados -como si se tratase de un clóset de ropa- estas prendas hechas con pieles de venado, oso, puma, tigre, chivo, o ganado vacuno.

Junto a sus monturas también cuelgan las huascas (vetas). En una pequeña sala mantiene la cabeza del 8, el toro que hizo famosa a su ganadería Santa Inés. Ese toro mató caballos, mató personas. “Si el toro no ha matado a nadie, no han sido buenas las corridas, dice la gente”, comenta Elejalde.

El 8 lo tuvo durante seis años. Con él ganó torneos pero debió sacrificarlo. Ahora tiene unas 2.000 reses y cada año da sus animales para las corridas de toros de pueblo, de Machachi.

No solo lucen vistosos los trajes del chagra. Al caballo se lo abalona o corta su pelaje, se le colocan herraduras y los adornos de cintas en la cabeza del animal. Los caballos son los consentidos del chagra, cuando alguien se interesa por alguno las ofertas económicas pueden llegar a los $ 5.000 por un equino. La respuesta de algunos hacendados es que en los billetes no se monta y no los venden, pues los caballos son otros hijos más de la familia del chagra.