Uno de los lugares turísticos y de tradición guayaquileña es el estero Salado, de los más concurridos hasta la mitad del siglo pasado por las familias locales en busca de entretenimiento.
Pero, a medida que Guayaquil se iba extendiendo, este brazo de mar de 30 km de extensión se ha ido contaminando como consecuencia de los desechos de la urbe y actualmente sus aguas contienen sustancias tóxicas que casi han extinguido las especies acuáticas más sensibles, en tanto otras buscaron sectores menos contaminados.
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En sus riberas están asentadas más de 4 o 5 mil familias, que deberían ser reubicadas para así concretar un proceso de descontaminación de sus aguas. Además, en sus orillas se deben sembrar especies vegetales típicas, prohibir que se arroje basura y, desde luego, educar a la población para mantener su limpieza.
Gilbert F. Ortega Calderón
ingeniero, Guayaquil