Nueve personas vestidas como militares y encapuchadas acribillaron a tres hombres, a quienes buscaron por supuesta tenencia de armas y drogas. Para el asesinato hicieron uso de prácticas similares a las de grupos irregulares de Colombia.

Este hecho se registró la noche del pasado viernes en el sitio Perico, de la parroquia Ayacucho, del cantón Santa Ana, ubicado a 66 kilómetros al este de Portoviejo.

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Lo que llamó la atención es que los supuestos militares, mediante disparos al aire, amenazas y quemando varias casas de madera, reclutaron desde las 16:00 del viernes a todas las personas que residían en las seis viviendas de este recinto manabita (en su mayoría miembros de la familia Góngora). A ellos los esposaron y los sometieron a interrogatorios sobre supuesta posesión de armas y drogas.

Los asesinatos se registraron tres horas después.

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“Ellos insistían en que les demos droga, cosas que aquí no hemos visto jamás”, expresó Graciela Góngora, quien perdió a dos de sus hermanos, Nixon Enrique (17) y Rafael Góngora Fernández (24), y a su esposo, Pedro Ramón Macas Alcívar. Además, resultaron heridos su padre, Enrique, y un tío.

La viuda manifestó que a su esposo bajo insultos y golpes le insistieron en que entregara las armas, pero él les respondía que solo tenían armas viejas, lo que provocó enojo a los agresores.

Agregó que los supuestos paramilitares les ordenaron a sus parientes que se formaran en columnas, luego las hicieron acostar y, posteriormente, arrodillar; para finalmente dispararles con fusiles y cartucheras que portaban, según los casquillos que se encontraron en el lugar de la masacre.

Las ejecuciones de sus familiares fueron observadas por sus hijos menores, relató la viuda, quien añadió que fue tal la crueldad de los sujetos que luego de robarles sus pertenencias mataron a sus animales, entre ellos una cabra.

“Solo porque un loro hablaba le rociaron fuego”, lamentó Lucero Alcívar, dueña de una de las casas incendiadas por los sujetos uniformados.

Antes de retirarse, cerca de las 20:00, los encapuchados dispararon al aire, señaló María Dalinda Alcívar, quien enfatizó que esos hombres vestidos de militares nunca antes habían estado por este sector agrícola. “Aquí nadie se mete con nadie”, indicó la mujer de 88 años.

Debido al temor que les causaron los paramilitares, las personas del recinto decidieron pernoctar junto a los cadáveres de dos de los fallecidos, ya que el cuerpo de Pedro Macas Alcívar fue llevado hasta el recinto Chicompe, perteneciente a la comunidad La Unión, de donde era oriundo.

Los deudos indicaron que los asesinados eran agricultores de la zona que ganaban $ 8 diarios en un área adonde solo se accede caminando por 45 minutos desde el sitio La Unión, donde apenas llega la electricidad.

La Policía acudió al lugar pero aún no emite una versión oficial sobre esta matanza ni sobre la presencia de grupos irregulares en los recintos apartados de Santa Ana, que carecen de patrullaje policial por su complicada geografía.

Hasta ayer, los sobrevivientes no tenían qué comer porque todas sus raciones alimenticias les fueron quemadas.

Masacre: Víctimas
El sepelio de las víctimas se realiza en la tarde hoy, indicaron los deudos. Mientras que en una casa de salud de la capital provincial se recuperan dos heridos, pero bajo resguardo policial.