El ex AVC Juan Cuvi, en el documental ¡Alfaro Vive Carajo!, del sueño al caos, de Isabel Granados, asegura que los insurgentes armados ecuatorianos fueron influenciados por la revolución que realizó el Frente de Liberación Nacional en Nicaragua entre 1978 y 1990, que él al igual que la mayoría de sus miembros viajaron a ese país centroamericano para vivir de cerca ese proceso, que luego intentaron adaptarlo en el país.

Pero en 1983 cuando AVC empezó sus actividades, los nicaragüenses vivían una realidad diferente a la de Ecuador, que en 1979 regresó a la democracia tras un periodo de 19 años bajo el régimen dictatorial de las Fuerzas Armadas.

La revolución sandinista puso fin en Nicaragua a la dictadura de la familia Somoza, que se mantuvo en el poder cuatro décadas, y desencadenó una guerra civil en la que murieron alrededor de 50.000 personas.

En el documental de Granados (2007) se revela que la militante del AVC Patricia Peñaherrera, esposa de Santiago Kingman, fue uno de los nexos con el grupo subversivo colombiano M-19, aunque el líder Arturo Jarrín en sus viajes en busca de respaldo hizo amistad con Jaime Bateman, líder y fundador de la guerrilla de ese país.

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La vinculación quedó clara durante el secuestro de Nahim Isaías, con la muerte de Alfonso Benavídez Esteban, un guerrillero de esa agrupación, durante uno de los allanamientos para rescatar a la víctima.

Peñaherrera conoció a la guerrilla colombiana desde sus entrañas, pues fue jefe de las fuerzas especiales del M-19 y participó activamente en todos sus planes. Llegó a AVC por su amigo Juan Acosta Coloma, uno de los plagiadores de Isaías y de los iniciadores del grupo.

La ex guerrillera cuenta que resultó herida en su última participación en un asalto a un cuartel militar colombiano y que para el efecto ponían en práctica estrategias de guerra vietnamitas, como ocultarse de día y avanzar en la noche hasta llegar al destacamento y atacarlo desde adentro.

“Entramos a que todos se mueran, el aniquilamiento total le llamaban ellos. Y eso es un combate muy duro, porque cuando llegas las personas reaccionan, ellos también están formados para reaccionar militarmente con fusiles, granadas, explosivos y eso se volvió una explosión terrible, un incendio, volaban los techos, las sillas, las camas, las personas. Sí, tengo el recuerdo de que es como un infierno”, refiere.

El M-19 nació en 1974 como un movimiento urbano armado de origen socialista que tenía como objetivo enfrentar a los partidos tradicionales. Su líder, el general Gustavo Rojas Pinilla, denunció en 1970 un fraude electoral cuando terció por la presidencia de Colombia.

Sus acciones las iniciaron con el robo de la espada de Simón Bolívar, y hasta 1990 cuando se desmovilizaron protagonizaron secuestros, tomas de embajadas e inclusive de la Corte de Justicia, esta última con un saldo de 53 civiles muertos.

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Tres años antes de que AVC inicie sus actividades, en 1980, Alejandro Andino, Miriam Loaiza, Ketty Erazo, Arturo Jarrín y Hammet Vásconez formaron un grupo para analizar la realidad ecuatoriana y organizar un proyecto revolucionario.

La mayoría de los cerca de 300 integrantes de AVC eran estudiantes universitarios de clase media y alta, dispersos en células en las principales ciudades del país. Al menos 20 de ellos recibieron capacitación militar en Libia, con el financiamiento del líder político y militar Muamar Gadafi; otros aprendieron tácticas con el M-19.

Los AVC eran una organización político-militar de izquierda que se autocalificaba democrática, nacionalista, antiimperialista y emuladores de la figura del general Eloy Alfaro, artífice de la revolución liberal de finales del siglo XIX.

Pocos días antes del acto en Quito, Juan Cuvi justificó la desmovilización en que “el pueblo no estuvo dispuesto a embarcarse en una propuesta de insurgencia, a acudir a los movimientos de lucha armados como una forma de resolver los problemas políticos y sociales”.

Según el ex comandante Édgar Vaca, y presidente de la Comisión de Defensa Jurídica-Institucional de la Policía que se creó para responder a la Comisión de la Verdad, durante la vigencia del grupo Alfaro Vive Carajo, 14 policías murieron y más de 20 resultaron heridos.

Juan Cuvi estima que entre 25 y 30 militantes de AVC (todos ecuatorianos) murieron durante el gobierno de Febres-Cordero en enfrentamientos con la Policía, ejecuciones extrajudiciales o torturas, y que otros 130 fueron apresados y cumplieron condenas.