AFP
EL JUNCAL, Imbabura.- Emulando a las estrellas del balompié internacional, varios niños corren detrás de un viejo balón levantando el polvo de una cancha en el valle del Chota, un asentamiento de negros afrodescendientes convertido en semillero de futbolistas ecuatorianos.
"¡Cuidado que aquí va Leo! Ningún Julio César lo para", grita Ricky Chalá, de 8 años, al evocar al delantero argentino Lionel Messi (Barcelona, España), durante un ataque hacia el arco en el que aparece Adonis Araujo, que a su vez hace las del guardameta brasileño.
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"Beckham no se queda atrás. Toma la pelota y lanza un mortífero disparo", exclama por su parte Denis Pavón, de 10 años, quien discute con sus amigos las preferencias para la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010, en las que sobresalen Brasil y Argentina.
Soñando con ser astros que llegarán a la cúspide del fútbol mundial, los muchachos de la población de El Juncal (a 100 km de Quito) se reúnen a diario en una cancha de tierra a orillas del río Chota, en el norte de Ecuador, para jugar haciéndole el quiebre a la pobreza.
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El Juncal, Piquiucho, Chalguayacu y otras comunidades forman parte del valle del Chota, ubicado entre las provincias de Imbabura y Carchi, con unos 2.000 habitantes y que alberga a comunidades de campesinos negros que con tesón sacan frutos al árido terreno.
En la época colonial, africanos esclavizados fueron llevados hasta esa zona para trabajar en las minas y plantaciones de algodón y caña de azúcar, de quienes descienden Agustín 'Tin' Delgado, Ulises de la Cruz, Édison Méndez, Raúl Guerrón, Giovanny Espinoza, Joffre Guerrón y Kléber Chalá, entre otros.
Esa constelación del Chota aportó a la selección de Ecuador para su participación en los ecuménicos de Japón y Corea del Sur 2002 y Alemania 2006.
El lustre de esos ecuatorianos también motiva a los niños en El Juncal. "Si Dios me ayuda quiero ser futbolista, si no bombero o policía", indica Álvaro Méndez, de 12 años y que desde los cinco se dedica a practicar para alcanzar su meta.
Tras el improvisado "entrenamiento" con balones regalados por una de las estrellas juncaleñas, los inquietos deportistas se cobijan en la sombra bajo un puente para repasar lo que, según ellos, deparará el Mundial sudafricano.
"Brasil contra Argentina va a ser un partidazo", dice Araujo mientras que Chalá, quien lamenta que Ecuador no pudo clasificar al torneo mayor, apuesta por Chile.
Del debate tampoco se escapa el 'Jabulani' de Adidas, el balón de Sudáfrica 2010 que ha recibido críticas de varios jugadores por ser incontrolable.
"Si fuera pesado, su trayectoria (sería) recta", opina Pavón antes de que la muchachada suba corriendo al pueblo a instalarse frente al televisor de una tienda para observar la transmisión del campeonato nacional de fútbol.
El balompié es la razón de vivir en el cálido Chota, y ni el sacristán juncaleño, Ismael Delgado, deja esa pasión. "Soy tío de un primo hermano del 'Tin' Delgado", destaca el anciano, quien rememora que hasta hace un par de años los jugadores emergían de los polvorientos espacios en el margen del río.
Ahora se aprecia una cancha reglamentaria de césped rodeada de una malla metálica para evitar que el balón vaya a parar al río, pero todavía hay las de tierra, las mismas donde las figuras mundialistas de la tricolor hicieron sus pinitos.
"La ayuda es de los grandes jugadores. Ulises (de la Cruz) parece presidente (de la República), da casas y comida en Piquiucho, su pueblo", añade Delgado.
La pobreza y la desatención de las autoridades han llevado a algunas de las figuras del Chota a convidar con los suyos lo mucho que han recibido del fútbol, financiando centros médicos y canchas de entrenamiento y escuelas deportivas.
"Los habitantes negros en Ecuador constituyen el 5% de la población (de 14,2 millones) y su gran mayoría viven "bajo niveles de pobreza y discriminación alarmantes", según la fundación de Ulises de la Cruz.