Pedro X.Valverde Rivera
Al momento de escribir este artículo, me encuentro a pocas horas de la marcha convocada por el Alcalde de Guayaquil en contra del gobierno de Rafael Correa.

Estoy seguro del éxito de la marcha; no porque la administración municipal de Jaime Nebot sea perfecta o porque Guayaquil no tenga todavía muchos problemas sociales que solucionar.

La marcha será un éxito porque desde todos los rincones de mi querida ciudad se siente el desprecio desde el poder central hacia esta, la responsable directa de que exista un territorio llamado Ecuador, libre e independiente desde hace 180 años.

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Yo siento que el ciudadano más sencillo de mi ciudad entiende la diferencia entre 175 (millones para Guayaquil) y 250 (millones para Quito).

También estoy seguro de que la ama de casa más humilde de esta tierra soberana comprende que el Alcalde de Quito celebra el reparto de los panes porque le ha tocado un pedazo grande; a diferencia de la “ciudad maldita”, Guayaquil, a la que le toca menos por disentir, por tener un alcalde celeste y blanco y no verde, por darle la espalda en las urnas a los candidatos verdes, por darle la espalda en los sondeos de popularidad al Presidente.

Yo SÍ creo que Correa ama a su ciudad natal Guayaquil; sus recuerdos nostálgicos no nos permiten dudarlo.

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Sin embargo, como nadie es profeta en su tierra, NO le perdona que sea la ciudad que lidera el deterioro de su popularidad y de su credibilidad.

Durante tres años ha luchado por dominar Guayaquil y no puede: como diría la popular canción que interpretara hace algunos años Luis Miguel, Correa tiene todo excepto a ti, Guayaquil.

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Es que desde este llano se puede analizar con mayor objetividad la gestión del Gobierno.

Porque cuando se vive en el centro del poder, no importa quién gobierna; da igual, si de todas formas hay trabajo en los ministerios, en las subsecretarías, en las instituciones del Estado, peor en el caso de este, que ha multiplicado irresponsablemente los puestos de trabajo pagados con el bolsillo de todos los ecuatorianos.

Desde la ciudad del río y del estero se siente el desaliento a la inversión nacional y extranjera; en las alturas, solo ha cambiado la nacionalidad de los inversionistas petroleros e hidroeléctricos, que llenan los hoteles, los restaurantes, los  malls  y los bufetes de abogados.

Por eso Guayaquil protesta hoy. Y por eso, todas las ciudades marginadas de la Patria, como Portoviejo, Machala, Loja, Ambato, Esmeraldas, Durán y muchas más, que son la mayoría, se unirán a la protesta y seguirán protestando, porque nos prometieron un cambio y estamos peor.

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Los que se enriquecieron con la miseria de los olvidados de la patria, hoy disfrutan en paz de sus millones; y los que se embarcaron dizque a cambiar el Ecuador se han unido al grupo de los ricos, y la patria sigue en ruinas.

Por eso hay que marchar hoy: en paz, en democracia pero con la firmeza de un pueblo soberano que no se arrodilla ante el poder de unos pocos.

Quiero terminar este artículo con una frase de Mahatma Gandhi para vuestra reflexión, amigo lector:

“Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear”.