La estadounidense Serena Williams, que ayer se aseguró de volver a ser la número uno mundial, sacó provecho de la fragilidad de la reina destronada, la rusa Dinara Safina, aunque también de la gran confusión que impera en la cumbre de la jerarquía del tenis femenino. Gracias a su victoria por 6-3 y 6-2 ante la rusa Ekaterina Makarova en segunda ronda del torneo de Beijing, la norteamericana de 28 años recuperará de nuevo el próximo lunes el trono que ya ocupó tres veces, el último este año entre el 2 de febrero y el 20 de abril, antes de que Safina tomara el poder.
“Me lo merezco, he ganado dos torneos de Grand Slam este año”, comentó la menor de las hermanas Williams, vencedora en el Open de Australia y en Wimbledon, en un claro guiño a Safina, que suele ser tachada de reina sin corona por no haber ganado un ‘grande’.
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Que el número uno cambie de dueña constantemente no es en sí mala noticia, sino señal de que la lucha es encarnizada.