La oscuridad y el silencio nocturno rodean la pequeña casa de Octavio Vélez, padre de Luis, único emigrante de los cinco ecuatorianos que desaparecieron en junio del 2007 que apareció, hace dos semanas, en la comunidad Celel, de la parroquia Principal, en el cantón nororiental Chordeleg.
Luego de que su hijo apareció, Vélez resolvió llevarlo a una casa de asistencia mental, para que le ayuden a recobrar la memoria, ya que cuando dieron con su paradero en Gualaceo, 40 kilómetros antes de su comunidad, lo encontraron como un mendigo que no recordaba ni su nombre, ni lo ocurrido durante estos dos años.
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Ahora la casa está deshabitada. Hermanos, cuñados y padres de los demás jóvenes desaparecidos aseguran que el progenitor recibió una amenaza del traficante que hace dos años ofreció llevar a Luis a los EE.UU., y a sus primos Pablo Mauricio Vélez López, Jorge Rigoberto Jara Jara, Jorge Sigüenza Juárez y Brucel Buñay Bermeo, de Azogues, provincia de Cañar.
“Nosotros también tenemos miedo, porque toda la familia (del coyote) anda armada y varias veces nos dijeron que nos quedemos callados, y a mi hermano Octavio le dijeron que es mejor que su hijo esté mudo, si no, lo matan”, dijo Miguel Vélez, padre de Pablo Mauricio.
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María Bermeo, madre de Brucel Buñay, aseguró que el mismo temor la invadió cuando denunció al coyotero el año pasado, ya que al estar preso sus familiares llegaron hasta el mercado de Gualaceo, donde ella vende frutas, para exigirle retirar la denuncia o le harían daño.
“Primero me dijeron que me devolverán la plata, hasta un carro del año me ofrecieron, pero lo único que yo le exigía era saber lo que le ocurrió a mi hijo”, comentó entre lágrimas y sin soltar la fotografía del cuarto de sus cinco hijos.
Los familiares aseguraron que su interés es conocer lo que ocurrió en el viaje, y descartaron acciones legales contra el traficante de personas, pero insistieron al Gobierno Nacional requerir de su ayuda para buscarlos en Santa Martha, Colombia, desde donde se comunicaron por última vez.
Pero también piden protección frente a las amenazas del coyote. “Ahora que apareció mi sobrino, no dejaré de buscar a mi hijo Pablo y a mi yerno Jorge Rigoberto, porque volvió la esperanza de encontrarlos vivos”, dijo Florinda López.