Unos los llaman 'lacra' y los reconocen como antisociales, muchos de los cuales incluso tienen antecedentes penales y siguen delinquiendo, pero son "protectores" de las denominadas barras bravas, pues 'sacan la cara' entre grupos de hinchas a los que dirigentes califican como remedos de organizaciones extranjeras violentas.
Leonardo David Erazo Lomas aprendió a amar a El Nacional desde niño. Se lo inculcaron sus padres, José y Elsa. "Desde que era chiquito", cuenta su abuela materna, Clorinda Serrano, su 'nietito' hacía fuerzas por el equipo de los puros criollos. Fue una pasión indescriptible que le nació y para él era infinita.
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Y esa huella de su amor por el club rojo ha quedado plasmada en las paredes de la habitación de la pequeña casa de Perucho, a dos horas de Quito, donde el joven, a quien todos llamaban David, vivió hasta hace menos de un año, cuando viajó a la capital para quedarse con su papá y repetir el décimo año lectivo. Al principio, la separación de la casa materna no fue fácil para él, cuentan sus familiares. Pero con el paso de los días significó el acercamiento a su "Nacho del alma", al equipo de "la marca roja, que nunca pierde la fe"; a "la banda del león que alienta con locura"; a "la marea roja", "la que vive mareada por el Nacho". Son frases que plasmó en varias hojas de papel bond que dejó pegadas en la pared de su cuarto.
Amó tanto a El Nacional que entre esas muchas hojas de papel está escrita la frase "Mi vida daría por ti...". Nadie en casa sabe cuándo la escribió.
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Dicen que la dejó entre sus recuerdos
Solo le faltó pintarla de rojo, como todo lo que había entre esas cuatro paredes. Para su abuela, eso fue como un anuncio de que ser tan hincha le costaría la vida.
Lo dice porque hace nueve días, sujetos identificados como miembros de la Muerte Blanca, que apoya a Liga de Quito, lo atacaron. Abandonaba el estadio de Ponciano, en el norte de Quito. Su equipo había perdido y, cuando estaba cerca de la estación de bus La Delicia, al menos cincuenta hinchas vestidos de blanco lo atacaron a morir. Falleció "por hemorragia aguda interna tras laceración cardiaca, producida por un arma punzocortante", reveló la autopsia. Dos amigos, Juan Carlos Pazmiño y un menor, fueron heridos.
En el lugar del ataque, un guardia que lo presenció narra cómo el chico llegó corriendo a toda prisa. Intentó saltar casi un metro para entrar a la estación del bus, donde decenas de personas protegían a los niños y mujeres de los vándalos. Pero "a mala hora para él, cuando estaba a punto de entrar, lo alcanzaron y comenzaron a golpearlo hasta dejarlo soñado", comenta.
Lo confundieron
La agresión terminó cuando, según otros aficionados rojos, un agresor se percató de que la víctima no era Che, como le dicen a David Hinojosa, otro hincha de El Nacional y ex líder de la barra Marea Roja, a quien supuestamente querían atacar. Coincidentemente tiene el mismo nombre del joven asesinado y hasta un parecido físico, por eso le decían el Hijo del Che.
"Me lo mataron por equivocación", reniega amargamente la abuela de David. Mientras Hinojosa, aclara: "Yo recapacité y dejé la barra hace más de año y medio". La dejó porque es algo que necesita entrega, pero más porque se "corren riesgos, pues cualquier cosa que haga alguien del grupo a quien primero culpan es al jefe de la barra".
¿Por qué el temor? La respuesta es rápida para otro hincha: "En las barras hay gente peligrosa, delincuentes, a quienes no les cuesta nada agredir al rival. El día del partido van al estadio a consumir drogas y alcohol, usan el fútbol como un escape. No tienen ningún escrúpulo", comenta. Protege su identidad y hasta el equipo al que sigue, por temor a ser objeto de venganzas.
Esas venganzas que ahora temen muchos hinchas, pues tras el ataque a Erazo, en los foros de varios equipos se plasman mensajes agresivos. Incluso en días pasados, alguien escribió en la página www.muerteblanca.com "ya verás lo que duele perder a uno de los tuyos"; "ojo por ojo" o "diente por diente".
"Todos estos grupos son unas malas copias de las existentes en países como Argentina, Brasil, Chile o Colombia, que tienen un tinte violento y en las que se hacen adoctrinamientos que cuestan vidas", critica José Vinueza, quien dirige la Comisión de Seguridad de la Ecuafútbol.
"Las lacras son las que hacen crecer el respeto de la barra", dice un hincha del Astillero, quien reconoce que en la Boca del Pozo y la Sur Oscura, que siguen a Emelec y Barcelona, también hay personas con malos antecedentes, que cuando van a cualquier parte del país roban en los pueblos por donde pasan, pero también "son los que frentean a barras de otros equipos".
El partido Emelec-Manta
Una de esas acciones violentas ocurrió el pasado 23 de mayo, en el último partido que Emelec jugó en Manta. Cerca al estadio Jocay, uno de los buses que retornaba a Guayaquil fue apedreado. En ese ataque, una piedra impactó en el rostro a Katty Saavedra, una joven de 24 años que ese día había salido de madrugada de Guayaquil para apoyar a su equipo. "No veo", dice con cierta ira la chica, que cursa el segundo año de Jurisprudencia. Enseguida cuenta que a unas tres o cuatro cuadras del Jocay, desconocidos comenzaron a tirar piedras al bus, incluso rompieron algunos vidrios. "De pronto me cayó una piedra en la cara, me rompió el párpado y me dañó el ojo izquierdo".
Esta hincha eléctrica desconoce el porqué de la agresión al bus en que iba, tampoco da detalles del comportamiento de su barra o si alguna acción negativa propició el ataque; sin embargo, personas que estuvieron en ese encuentro creen que los piedrazos pueden haber salido de vendedores ambulantes que fueron asaltados por integrantes de la Boca del Pozo en el partido. "Si yo veo algo negativo, lo corrijo y se calman, pero hay chicos que ni sus padres los pueden corregir", sostiene Giuseppe Cavanna, líder de la barra eléctrica.
"Cuando comencé a ir a la Boca del Pozo, hace unos nueve años, sabía a lo que me metía, pero nunca me había pasado nada. No he denunciado nada, solo quiero saber qué va a pasar con mi ojo", expresa la joven.
Hinchas de peligro
En Quito, la barra que supuestamente tiene más sujetos con malos antecedentes, algunos incluso identificados por la Policía, es Muerte Blanca, a la que estarían entrando hinchas tras cumplir los "bautizos", misión en la que deben agredir a aficionados rivales. Un episodio de esos es el que experimentaron dos aficionados del Deportivo Quito, que el pasado 15 de febrero fueron golpeados cerca al estadio Atahualpa, donde su equipo había enfrentado a Olmedo. Este caso se hizo público a raíz de la muerte de David.
"Estábamos afuera del estadio. El partido, en el que nada tenía que ver la Liga, había terminado media hora antes, cuando vimos que se acercaban al menos cincuenta hinchas de Liga y nos apuñalaron. Mi amigo se salvó de morir porque, bastante mal herido, logró meterse debajo de un carro", narra un profesional afectado que asegura jamás haber tenido problemas con sus rivales. Cree que lo atacaron por vestir la camiseta azulgrana.
Mientras cuenta lo que fue ese trágico domingo, muestra las huellas que dejaron las puñaladas en su rostro, abdomen, brazo derecho y una rotura de al menos diez centímetros en la cabeza. Junto con él está su amigo. Habla poco, aún muestra depresión, porque además de las puñaladas que recibió en el abdomen, también le dieron una en la mitad de la espalda, la que estuvo a punto de romperle la médula. "Alcanzo a pararme de milagro", dice con nostalgia.
Enseguida indica que su pierna izquierda aún no le responde. No puede caminar solo. Necesita apoyarse en una muleta y, según los diagnósticos médicos, deberá esperar al menos un año para, con terapias diarias, recuperar la movilidad perdida en su extremidad inferior. "Ya tengo cinco meses sin trabajar. Créame, no me explico por qué esta gente vino a atacarnos", comenta, pero de inmediato recuerda que recibió una llamada en la que le dijeron: "¿Dónde estás?"; respondió: "En el estadio"; y le contestaron: "Cuídate...".
La persona que lo llamó supuestamente era un amigo, hincha de Liga. No tan cercano, pero amigo, quien nunca más ha aparecido. "Yo creí que me decía cuídate como buen dato, pero suponemos que fue porque él sabía que me iban a apuñalar", dice el aficionado, y critica la actitud de la justicia en el momento que recibieron el ataque.
Su amigo dice que después de la agresión la Policía detuvo a dos hinchas albos que participaron en el acto vandálico. "Pero al día siguiente una jueza los liberó porque, supuestamente, no tenían pruebas. Pero ¿qué más pruebas que nuestras heridas y las lesiones físicas que aún tiene mi amigo?", se pregunta; y de inmediato sostiene: "Jamás escucharon nuestras versiones, ni las de los otros hinchas del Quito que vieron el ataque. La Policía al menos llegó cuando estaban, creo yo, a punto de matarme". Y recuerda que siempre decían: "Cuando maten a alguien comenzarán a preocuparse".
Otras denuncias se olvidan
Otra agresión que hasta hoy no ha sido investigada es la que sufrió el hijo mayor de Cristina Naranjo. Como hinchas del Deportivo Cuenca dice que el pasado 31 de mayo llegó a la Casa Blanca para respaldar a su equipo ante los albos. "Estábamos subiendo a la general sur, donde debe ir el visitante. Mis hijos, de 18 y 9 años, iban adelante, cuando de pronto un hincha de Liga le dio un cabezazo en el rostro al más grande, y con burlas y riéndose se fue diciendo 'perdón'".
Después, agrega, la insultó a ella cuando le reclamó el porqué de la violencia. Enseguida pidió apoyo a la Policía para que detenga al agresor, pero hizo caso omiso. "Me dijeron '¿por qué vino a esta localidad?, peor con esa camiseta'; y no me auxiliaron".
A raíz de esa agresión, la mujer ha acudido a diferentes organismos pidiendo ayuda, "pero no he encontrado respuesta, ni en la Policía, peor en la dirigencia de Liga, que solo supo decirme que esa localidad era muy peligrosa porque iba gente mala". "¿Cómo puede ser posible que solo me digan eso y no me den solución?", reniega esta madre, que, dice, anhela convocar a una gran marcha para llegar al compromiso de paz que comience "con la desaparición de las barras bravas, para devolver al fútbol su verdadera pasión...".