Escasamente en el rostro de Rosa Elena Amaguaña Alba (1909-2009) se dibujaba una sonrisa; su expresión era adusta y severa, porque su vida, al igual que la de las mujeres indígenas de su generación, estuvo cargada de sacrificios y  maltratos.

Pero la alegre determinación de las mujeres cayambeñas de hoy  pertenece en gran parte a esta líder indígena,  recordada como Tránsito (nombre que  asumiría  cuando se hizo parte del Partido Comunista)    y a otra mujer mítica de la zona: Dolores Cacuango (1881-1971). Ambas son artífices de un proceso de lucha para que los indígenas tuvieran los mismos derechos que los demás ciudadanos.

La historiadora cuencana Raquel Rodas Morales cuenta, en su libro Tránsito Amaguaña (1989), que el principal logro de ella es “la conquista de la dignidad del indígena como ser humano”. También fue la propulsora de la primera organización indígena (la Federación Ecuatoriana de Indios, FEI) y a nivel local su fruto  más palpable es la organización de cooperativas de vivienda, después de haber participado en la lucha por la reivindicación de la propiedad sobre las tierras de los antiguos huasipungueros.

Publicidad

Cuatro escuelas, creadas por ella en la zona de La Chimba (Cayambe, Pichincha) en 1949, son consideradas las precursoras de la educación intercultural bilingüe  (institucionalizada en 1989). Por ello, los recuerdos de los pobladores de la zona se centran en la lucha por la tierra y la reivindicación de la mujer.

Muchos también se acuerdan de ella porque no le gustaban las placas de reconocimiento ni los honores (de eso no se come, decía), aunque algunas de ellas (como la del premio Eugenio Espejo, 2003) eran el único adorno de la  casa de bloque de La Chimba, que la compartía con su nuera, Guillermina Cerón, y unos puercos y  cuyes.