El proyecto de la precooperativa de ahorros, que hoy es una realidad, es parte de otros 50 que esperan apoyo y financiamiento gubernamental en el colegio Antonio Ávila.
Todo empezó hace once años, con la preocupación de los docentes que tras analizar monografías y tesis de grado descubrieron que los trabajos no cumplían con las características de investigación, aporte de novedades y soluciones.
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Entonces convirtieron a este octogenario plantel en el pionero de la materia Proyectos.
Pero el trámite para lograr que el Ministerio de Educación apruebe la incorporación de esta propuesta en el currículum fue engorroso, según Beatriz Duna, rectora del plantel.
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Ejecutar un proyecto individual o en grupo es uno de los requisitos para que los estudiantes se gradúen, por eso existen varios negocios y empresas en la ciudad que nacieron en las aulas y que continúan con la administración de los ex alumnos, según la rectora.
Para Duna el éxito de los proyectos que se presentan cada año, en una casa abierta, tiene respaldo en la formación de cuarto nivel de los catorce profesores que junto con los estudiantes laboran hasta en horarios extracurriculares.
“Estos jóvenes rompen los estereotipos en los que les enmarca la sociedad, como vagos, irresponsables, y demuestran que, como parte de su formación, son capaces de generarse y generar fuentes de trabajo con sus propias empresas”, dice Fernando Villavicencio, coordinador de proyectos.
Entre los proyectos de los estudiantes están el de producción de café, billeteras que se elaboran tras reciclar llantas usadas, programas lúdicos.