Todos los días cuando Pedro llega de la escuela se pone ropa de casa, almuerza rápido y antes de que su madre levante la mesa, dispone sus cuadernos y sin perder tiempo hace la tarea.

Luego ayuda a su papá en el taller de carpintería, lija tablas o pega pequeñas piezas y cuando termina, casi a las 17:00, quiere su recompensa:  ver televisión solo en su cuarto.

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Se sienta al pie de la cama con una funda de papas fritas, galletas, pan, cereal y un vaso de cola o jugo. Estas provisiones las consume mientras ve dibujos animados y peleas donde el más fuerte y astuto triunfa.

También le llaman la atención las noticias de accidentes, muertes y asaltos “y cuando la gente llora”, dice, sin dejar de ver el monitor. Su rutina transcurre así hasta las 21:00.

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Luego de ver la novela con su mamá, se levanta agotado, se cepilla los dientes y se acuesta a dormir.

Pedro cumplirá 7 años en junio próximo, cursa el tercer grado de una escuela fiscal de Cuenca y aunque aprendió a leer el año pasado, en la actualidad el ritmo de su lectura es lento y le cuesta comprender los textos.

Además es poco comunicativo, pierde la concentración y a veces comenta a sus padres sobre los juguetes o golosinas que vio en las publicidades y les recomienda que el fin de semana, cuando hagan las compras, adquieran esos productos.

Ese comportamiento o aburrimiento, fatiga, impaciencia, irritación, tensión nerviosa, agresividad, alteraciones oculares o en el ritmo del sueño, en donde además  se presentan pesadillas, son trastornos del síndrome de Teleadicción llamado así por investigadores de la Universidad de Cuenca.

Un grupo de especialistas conformado por médicos y educadores, entre ellos Arturo Quizhpe, pediatra y decano de la Facultad de Medicina, presentó el libro  Televisión y desarrollo infantil,  que es un informe extraído de la investigación realizada a  1.600 niños de diez escuelas fiscales de la ciudad, durante un proceso de cinco años.

Este libro es parte de un proyecto que se inició hace 20 años, el cual comenzó inicialmente investigando la desnutrición infantil, pero  luego fue enfocado al juego y la recreación de los menores.

“Con estas primeras investigaciones nos dimos cuenta que mayor al problema del hambre es la falta de afectividad y atención de las familias a sus niños,  explicó  Quizhpe.

Durante la investigación se observó a los pequeños en el aula escolar, en el patio de recreo, en sus casas y en el trabajo, en el caso de quienes lo hacen.

Se constató que el 56% consume más de 2 horas diarias de televisión y el 44%, 3 horas y más. De estos últimos, el 23%  es teleadicto. Se determinó que uno de cada 4 niños prefiere la programación nocturna.

Entre las consecuencias alarmantes están las de los niños que incrementaron su peso: el 15% tiene sobrepeso y el 4% obesidad uno. Los menores diagnosticados con estos trastornos empiezan a presentar problemas cardiovasculares, tensión nerviosa y diabetes.

Investigación: Estado emocional
Según las investigaciones de la Universidad de Cuenca, en el aspecto emocional los niños no demuestran sus sentimientos o frustraciones, y cuando lo hacen son agresivos o retraídos.