El  ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, negó ayer que se imponga a las comisarías un número determinado de arrestados por el único hecho de encontrarse en situación irregular. Pero los inmigrantes dicen que son perseguidos.

Si hay un barrio en Madrid que refleje mejor el impacto de la inmigración en España en los últimos años,  es Lavapiés. En pleno centro de la ciudad conviven latinoamericanos, africanos, asiáticos, árabes y españoles en una comunidad multicultural que ya figura en las guías de viaje para turistas.

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En el Lavapiés se comen tapas españolas, arroz de la India, cuscús marroquí y arepas colombianas sin salir de la misma calle.

“No verás aquí un inmigrante sin papeles”, dijo Abdel Kader, un jubilado de Marruecos de 72 años que lleva 40 viviendo en España.  “Tienen miedo de salir a la calle”, indicó.

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En la plaza del barrio, grupos de distintas nacionalidades comparten el día en animadas tertulias. Muchos de ellos están sin trabajo a consecuencia de la crisis que ha elevado el desempleo entre los extranjeros en España a casi el 22%.