Lo que más desea Daniela (nombre ficticio), de 17 años, es graduarse y comenzar sus estudios universitarios. Quiere reconstruir su vida, olvidar  la pesadilla que viene sufriendo desde que en julio anterior, su profesor del colegio Superior Guayaquil, Marlon Ronald Albán Zúñiga, la llevó a un motel, donde, supuestamente, la obligó a tener relaciones sexuales.

“Él siempre me mandaba mensajes a mi celular llamándome princesa, mi cielo”,  comenta la joven. Otras estudiantes del plantel también aseguran haber recibido esos mensajes, unas lo acusan de pervertido y otras lo defienden. “El profesor era un amigo con todas,  si tuvo algo con esa chica, debe ser porque ella así lo quiso porque muchas lo acosaban”, comenta una de las defensoras.

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Sonia Rodríguez, coordinadora del Centro de Jóvenes del Cepam, asevera que el culpar a las víctimas del acoso es una práctica común en el manejo de estos casos.  “Se trata a las chicas como libertinas, cuando ellas lo que buscan es  tener el reconocimiento de sus profesores para sentirse atractivas, reafirmar su identidad como mujeres. De ninguna forma están buscando la violencia”, indica.  La experta dice que el maestro debe estar consciente de esta lógica y no aprovecharse de eso.

Pero esa mentalidad no solo forma parte de  las estructuras educativas, sino también  del  sistema de justicia. Según las jóvenes presuntamente acosadas en el colegio Guayaquil, una fiscal que llevaba su caso en un principio trató de convencerlas para  que abandonen el juicio. “La fiscal me dijo: si ya te entregaste y perdiste lo que perdiste, mejor no sigas porque no ganarás nada y vas a sufrir  con este proceso”, cuenta Daniela.

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Perla Adrián, coordinadora Regional del Programa de Equidad de Género del Ministerio de Educación, indica  que otra de las causas de esta discriminación es que no hay una noción clara de lo que es el acoso sexual. De  25 alumnos de colegios de Guayaquil consultados por este Diario la semana pasada, ninguno dijo haber recibido información sobre  el acoso  en sus planteles. La educación sexual que reciben se queda solo en la difusión de métodos anticonceptivos y de prevención de las enfermedades venéreas.

Algunos de los jóvenes señalaron que el acoso se manifiesta cuando un profesor toca sus genitales o le dice palabras obscenas, pero muy pocos están conscientes de que los halagos, el enamoramiento, también es una forma de abuso  si el que lo expresa es una persona mayor de edad y que tiene una figura de poder, como sucede con los maestros sobre sus alumnos.