El culto al  zapping  permite  a sus adeptos descubrir y participar de los extremos de una situación gatillando reflexiones.

Eli Stone, la serie que transmite Sony, expuso hace un par de noches el dilema del derecho sobre la propia muerte. La eutanasia, la decisión de quien padece una enfermedad mortal y su deseo de apurar el desenlace frente a la preocupación, dolor y el deseo contrario de una esposa y unos hijos.

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El protagonista de la serie pasaba por una situación similar al  momento de ventilar el caso en los juzgados: su aneurisma cerebral debía ser solucionado quirúrgicamente. La situación le valió un ascenso, el reconocimiento y la simpatía de sus colegas.

Estar cerca de la muerte parece ser, además,  la oportunidad de enmendar errores. La dificultad de  decidir abiertamente sobre el derecho a morir sin involucrar sentimientos se resume en  una de su frases: “ni morir ni vivir es la cuestión, es el intermedio lo que  asusta”.

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Canales atrás, un noticiario local  exponía el polo opuesto: La gélida  facilidad que tienen algunos seres, que no podrían llamarse humanos, para decidir cuánto debe durar o cuándo debe terminar la vida de otros.

A la distancia de la pulsación de un botón: Un hombre pide morir y otro es   asesinado cerca  de su casa,  cuando salía a comprar el pan.