El taller instalado en Latacunga tiene al momento aviones boeing de aerolíneas extranjeras.

Trabajan desde 1989, pero lamentan que el país los haya conocido, solo desde hace tres semanas, por una tragedia y no por sus actividades y logros.

Los técnicos que laboran en la Dirección de Industria Aeronáutica de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (DIAF), que funciona en el aeropuerto internacional Cotopaxi, en Latacunga, esperaban el pasado  30 de agosto la llegada del Boeing 737-200, de la compañía venezolana Conviasa, que no llegó porque se estrelló al sur de los volcanes Illiniza.

¿Qué iba a hacer ahí una aeronave de esas características? Los rumores abundaron. Hubo quienes sospechaban un pacto político entre los gobiernos de Ecuador y Venezuela, pero la verdad era que el Boeing venía para que los técnicos ecuatorianos lo pintaran, así lo aclara el coronel Marcelo Rubio, director ejecutivo de la DIAF.

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¿Acaso Venezuela no tiene la tecnología para hacerlo?  El tratamiento de pintura en un avión, según Rubio, es muy  complejo y los técnicos de la DIAF tienen avales internacionales para hacerlo.

Que la DIAF dé este servicio a nivel internacional es muestra de su emprendimiento. La frase “sí podemos”, que se acuñó cuando se creó la institución en 1989, marcó el futuro.

Así lo recuerda el coronel Nelson Vallejo, gerente comercial de la DIAF. Aquel año, cuenta, él era teniente y el Ejército iba a enviar un avión tipo Arava a Israel para que le realizaran un mantenimiento.

“Los costos eran altísimos”, afirma Vallejo. Por esa razón, recuerda, la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) propuso que en lugar de enviar la aeronave al exterior se la entreguen a ella para analizarla y hacer el trabajo aquí.

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Sí podemos
Los técnicos tomaron el reto con el “sí podemos”. El teniente Vallejo estaba al mando del equipo. Como no disponían del manual de funcionamiento de la aeronave, la desarmaron por completo y en seis meses lograron recomponerla. Así descubrieron todos los detalles de su funcionamiento.

Cuando el Arava despegó de nuevo, Vallejo felicitaba a sus compañeros. “El sudor de sus cuerpos está surcando los aires”, les gritaba y aquellas palabras les llenaba de orgullo. Luego llegaron los reconocimientos internos.

“Rompimos el saco. Creímos en nosotros mismos y lo logramos”, asegura Vallejo, para quien ese triunfo se convirtió en el antecedente de la DIAF.

Eso convenció a la FAE de su talento y así creó esa dependencia. El objetivo es brindar el servicio de mantenimiento de aviones a aerolíneas particulares. Para ello, sacaron el permiso correspondiente en la Dirección de Aviación Civil (DAC) e iniciaron su labor.

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Desde entonces, la DIAF realiza chequeos y reparaciones a modelos Boeing 727-100, 727-200, 737-100 y 737-200.

Perú y Colombia tienen dos compañías similares, cada uno. Hay otras en Honduras, Costa Rica, El Salvador, Panamá, Chile, México, Argentina y Brasil.

La DIAF  es reconocida por la calidad de su trabajo, afirma el coronel Vallejo. Eso le hizo acreedor de dos reconocimientos internacionales: el aval de la Federal Aviation Administration (FAA), la similar de la DAC en EE.UU., y que la ganó hace cuatro años, y la certificación ISO 9001:2000, que la obtuvo hace 2, y que garantiza la calidad de los procesos.

Con este respaldo, en el año 2006 nació la iniciativa de ofertar su trabajo a aerolíneas extranjeras.   La primera compañía en interesarse fue Rutaca, de Venezuela, que trajo un Boeing a mediados del 2007.

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Al final, Rutaca quedó  satisfecha de la labor y recomendó a la DIAF a otra aerolínea venezolana, Avior, que trajo sus naves a inicios de este año.

A su vez, esta pasó la voz a Conviasa que, desde junio, se sumó a la lista de clientes de Colombia, Estados Unidos, Sudáfrica y otros países.