Domingo 10 de agosto del 2008 El País

Duchicela, un caso aún sin versión oficial

POR PAÚL ROMERO Y JOSÉ OLMOS

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LIMA. Cuartel general del Ejército de Perú, conocido como El Pentagonito. Las cenizas del militar ecuatoriano habrían sido lanzadas en sus jardines.

La declaración de un militar retirado peruano dejó al descubierto que en 1988 funcionaba una red de espionaje que motivó la desaparición y muerte del militar ecuatoriano Enrique Duchicela. La familia comienza otra gestión: “Que se haga justicia y se le declare héroe nacional”.

Veinte años después, las causas del deceso del suboficial técnico de aviación de la FAE Enrique Duchicela Hernández no están claras. Hasta ahora, su supuesta participación en una red de espionaje en Perú no ha generado una versión oficial de las autoridades ecuatorianas ni peruanas.

Esto, a pesar de que en días pasados un ex oficial de inteligencia peruano declaró ante la justicia de su país que él participó en la captura del militar.

La familia de Duchicela  exige una versión oficial y reclama que se lo nombre héroe nacional.

Eran las cinco de la tarde del viernes 27 de mayo de 1988. Martha Escobar recibió la que sería la última llamada de su esposo, el suboficial técnico de aviación de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE), Enrique Roberto Duchicela Hernández. Ella estaba en su hogar, en Quito; él, en Lima, Perú, donde era ayudante administrativo del agregado aéreo de la Embajada de Ecuador, coronel Marco Palacios.

El militar, que estaba próximo a finalizar su misión y volver a su patria, le alertó a su esposa que su vida estaba en peligro. “Me dijo en clave porque su teléfono estaba intervenido”, recuerda.

Minutos después de ese contacto, Duchicela se dirigió a un departamento del exclusivo sector de Miraflores. Había sido llevado con engaños. Ahí lo secuestraron unos agentes encargados de investigar una red de espionaje que vendía información militar a Ecuador. Aquellos agentes eran parte del grupo Colina, inculpado de ejecuciones extrajudiciales de las que incluso está acusado el ex presidente Alberto Fujimori, hoy preso en Lima.

Duchicela fue llevado al Cuartel General del Ejército, conocido como Pentagonito, donde estaba también detenido Marco Barrantes, teniente de reserva del Ejército peruano, quien era el contacto local en la red de venta de información.

Ambos fueron interrogados hasta el 31 de mayo, cuando se dio la orden de matarlos. “Eso se hizo en el sótano. Los ejecutaron con un balazo en la cabeza y sus cuerpos fueron cremados en un horno que allí existía... Las cenizas se expandieron en los jardines del Pentagonito”, relata hoy el periodista peruano Ricardo Uceda, quien en el 2004 detalló estos y otros hechos en su libro Muerte en el Pentagonito.

El caso de Duchicela, cuya investigación no prosperó en Ecuador y Perú, recobró vigencia el pasado 30 de julio cuando el ex oficial de inteligencia peruano, Jesús Sosa, declaró ante la justicia (en el juicio a Fujimori), que él participó en la captura del militar ecuatoriano.

Incluso dijo que los comandantes le habían afirmado que el actual presidente Alán García, quien entonces ejercía su primer mandato, les había mandado a felicitar. García guardó silencio frente a una carta en la que el periodista Uceda le pidió su versión, hace dos años.

Uceda considera que la declaración de Sosa es un hecho extraordinario, “porque una persona se ha incriminado por secuestro y asesinato, en circunstancias en que el poder judicial peruano había dicho que no había lugar para ninguna acusación a militares por lo que sucedió en 1988”.

En ese año, Perú tenía dos frentes activos, el uno la lucha contra la guerrilla de Sendero Luminoso y, el otro, contra Ecuador, por cuestión de límites, que motivaba redes mutuas de espionaje. Uceda dice que pudieron haber casos de agentes peruanos muertos en Ecuador, y a lo mejor otros ecuatorianos en Perú. “Estas cosas se llevaban de acuerdo a un código de tú me haces esto yo te hago lo otro, pero nadie dice nada”.

Considera también que el testimonio de Sosa ayuda a reparar moralmente a la familia de Duchicela. Por ejemplo, Martha Escobar recibió, ocho días después del último contacto telefónico con él, una  llamada  desde Perú de Marcelo Rosero, compañero y amigo de Duchicela, quien le dijo que él estaba “entretenido con otra mujer”.

Ella decidió viajar a Lima pero cuando le iban a entregar el pasaporte en la Cancillería le informaron que debía retirarlo de la oficina del director de Inteligencia de la FAE, Jaime Amaya. Este le comunicó que su esposo estaba desaparecido. “No hay el negro” (así le conocían).
Recuerda que el militar le pidió absoluta discreción sobre el caso.

“Esa mal habida discreción es mi remordimiento. Porque no luché, porque no salí a gritar a los cuatro vientos”, dice indignada. Ella responsabiliza al Gobierno de León Febres-Cordero de no haber gestionado la liberación del militar ecuatoriano.

Se siente decepcionada y engañada. La versión oficial de las Fuerzas Armadas fue que luego de las  investigaciones se concluyó que Duchicela fue muerto por problemas “sentimentales” pero el cuerpo nunca apareció. Escobar dice que el ex jefe de su esposo, el agregado militar en Perú Marco Palacios, le dijo que inteligencia de la FAE determinó que ese era el motivo.

La familia denunció el caso ante la Asociación Latinoamericana de los Derechos Humanos, según la esposa, porque fue amenazada por Palacios si investigaba por su cuenta. La desesperación llevó a la viuda  a entrevistarse con el entonces presidente León Febres-Cordero.

Ella dice que el mandatario le contestó: “¿Qué quiere señora... ver derramar sangre, qué quiere que desaparezcan pueblos por un hombre?”.

El 2 de diciembre del 2004 ella recibió el libro escrito por Uceda. “Esa noche fue la más triste y negra de mi vida porque mis hijas se enteraron de la muerte”.  Jessica Ivonne y Paulina Fernanda, tenían 9 y 4 años cuando desapareció su padre. Hoy viven en Estados Unidos y tienen previsto retornar.

Ahora, con la versión de Sosa, la familia Duchicela confirma su presentimiento: Que le mataron. Que las FF.AA. inventaron una historia para negar que realizaba acciones de inteligencia en el Perú. Por ello solicita al Gobierno se le declare héroe nacional porque, dice, fue abatido en el cumplimiento de su deber.

En el Ministerio de Defensa el caso se maneja con hermetismo. Un expediente reservado reposa en el archivo de inteligencia de la FAE. El único ofrecimiento público del Gobierno es la posibilidad de desclasificar dicha información, según anunció esta semana el viceministro de Defensa, Miguel Carvajal.

Perfil
Enrique  Duchicela Hernández

Lugar y fecha  de nacimiento
Riobamba, el 22 de agosto de 1951

INGRESO A LAS FF.AA.
Entró a la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE)  el 16 de marzo de 1972 y perteneció a la promoción de Comandos Paracaidistas. Al inicio de su carrera se desempeñó como fotógrafo, camarógrafo, dibujante e instructor de la escuela de suboficiales de la FAE.

MISIONES
En enero de 1987 fue designado ayudante del agregado aéreo de la misión diplomática de Ecuador en Lima. El 27 de mayo de 1998  desapareció mientras cumplía sus funciones militares.

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