El 25% de provincias del país mantiene conflictos en diversas zonas no delimitadas, donde los pobladores reciben de algunos servicios el doble y de otros nada. La Asamblea Nacional Constituyente debate el tema y analiza alternativas para resolver los litigios limítrofes. En las zonas donde hay conflictos limítrofes no hay un desarrollo planificado. Los asambleístas analizan alternativas como un mandato de consulta popular.

En un dilema. Así se  encuentran unos  50 mil pobladores que habitan en las zonas no delimitadas de Ecuador, que representan el  25% de provincias, el  50% de cantones y el  85% de parroquias, según informes de la Comisión de Límites Internos de la República (Celir), presentados a los asambleístas.

Casos precisos y “crónicos” son, por ejemplo, La Manga del Cura, una zona disputada por las provincias de Guayas, Manabí, Los Ríos y Santo Domingo de los Tsáchilas; El Piedrero, entre Guayas y Cañar; Matilde Esther, entre Guayas y Los Ríos. En estas localidades, los habitantes reciben obras “a medias” por parte de algunos municipios, sin embargo no tienen un desarrollo planificado. Algunas zonas carecen de servicios como agua potable y alcantarillado, pero en cambio tienen el doble de  escuelas, centros de salud, iglesias o calles, por parte de las provincias en disputa.
La Asamblea, en la mesa de Ordenamiento Territorial, tiene  en sus manos la creación de fórmulas de solución que acaben con estos y otros conflictos.

Una pregunta altera la apacible vida de los habitantes de El Piedrero, una zona ubicada entre los cantones La Troncal y Cañar (provincia del Cañar) y El Triunfo (Guayas).

- ¿De qué provincia es usted?
- Ojalá lo supiera, aquí uno vive como “cañarejo” y “guayaco” a la vez, ni de aquí ni de allá.

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Dueña de un restaurante en la calle principal, Mercedes Santana, de 60 años, ha vivido con ese dilema los últimos 40 años,  cuando llegó a la  Colonia Agrícola Amazonas, más conocida como El Piedrero.

El mismo dilema lo tienen también más de 50 mil habitantes en el país, repartidos en las zonas no delimitadas y en conflicto limítrofe como La Manga del Cura, ubicada entre los cantones El Empalme (Guayas), Buena Fe (Los Ríos), Santo Domingo (Santo Domingo de los Tsáchilas) y El Carmen, Chone y Pichincha (Manabí); Las Golondrinas,  entre los cantones Quinindé (Esmeraldas), Puerto Quito, Pedro Vicente Maldonado (Pichincha) y Cotacachi (Imbabura); Matilde Esther, entre los cantones de Bucay (Guayas) y Babahoyo (Los Ríos).

El año pasado, el Congreso declaró la cantonización de La Concordia a favor de Esmeraldas, aunque esta localidad (de 53 mil habitantes) también era disputada por autoridades de Santo  Domingo de los Tsáchilas. No obstante, los habitantes aún esperan que sea una consulta la que defina su situación legal.

Los conflictos limítrofes internos, uno de los temas que analiza la mesa de Ordenamiento territorial y Asignación de Competencias de la Asamblea Constituyente con el objeto de crear fórmulas de solución, van más allá del litigio territorial, también acarrean problemas sociales, políticos y económicos.

Es que la mayoría de estas zonas tienen de lo básico algunas veces el doble y otras veces nada. En El Piedrero, por ejemplo, fundado en 1950 y que actualmente comprende unos 20 recintos y una población dispersa de cerca de 10 mil habitantes, celebra su creación el 20 de septiembre con dos desfiles, uno organizado por el Municipio de La Troncal (Cañar) a las siete de la mañana y otro promovido por El Triunfo (Guayas) a las diez.

El miércoles recoge la basura El Triunfo y el viernes lo hace La Troncal. También hay dos barrenderos, Alfredo Burgos por La Troncal y Víctor Ramones por El Triunfo; la Policía es de Cañar y la Comisión de Tránsito del Guayas. No tienen municipios ni plantas de agua potable, pero cuentan con dos guarderías: la del Innfa, gestionada por Guayas, y la del ORI, por Cañar; dos subcentros de salud, uno por cada provincia.
De escuelas, ni qué hablar. El Piedrero tiene más escuelas que recintos. La mayoría creados por Cañar y con menos de 5 minutos de distancia entre cada uno.

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Del centro de El Piedrero, a unos 7 minutos, en el recinto San Pedro, hay dos escuelas, una del Cañar y otra del Guayas, que comparten el mismo patio, pero con horario de recreo diferente.  “Siempre hay peleas con la profesora del Guayas, porque cuando ella da clases, nuestros alumnos hacen bulla porque están en el recreo”, dice María Teresa Pichasaca, directora de la escuela Cotopaxi, creada por el Cañar. El dueño del terreno, Manuel Pungil donó el área para que Cañar construya la escuela y luego le dio las escrituras del mismo terreno a Guayas. 

Cinco minutos más adelante, en el recinto San Isidro, la casa comunal fue construida por La Troncal, pero remodelada por Guayas. Y junto a ella hay dos canchas deportivas, una de cemento con escalinatas y canastas de baloncesto hecha por la prefectura del Guayas y otra de tierra y con la malla de voleibol creada por la de Cañar.

“Se entra en un desgaste de recursos, de todo hay dos”, dice Luis Mayorga, dirigente de El Piedrero, que pide que esta localidad sea parte del Guayas, básicamente por la distancia: del Municipio de El Triunfo lo separan 7 minutos y de La Troncal, 30. Guayaquil está a una hora y Azogues a tres.

El dilema entre dos o más provincias les resulta conveniente a muchos habitantes que reciben el doble de los beneficios en obras y que además miran los sitios como “paraísos fiscales”, donde nadie rinde cuentas a la Contraloría ni paga impuestos.

No obstante, hay quienes reclaman por una pronta definición jurisdiccional y lo hacen con argumentos históricos, económicos, cívicos y hasta políticos. Las zonas en conflicto representan extensas áreas productivas convenientes para los municipios que las disputan y en el plano político significan un segmento electoral reñido. En época electoral, los habitantes son cautivados con discursos, promesas y planes para solucionar la situación legal de las comunidades. Incluso se ofrece dinero a las personas para que se empadronen en determinada provincia o cantón.

Todo esto al margen del incremento de las rentas que percibiría cada municipio de parte del Estado si incluyera a los habitantes de las zonas no delimitadas en sus jurisdicciones.

En Ecuador el 25% de las provincias tiene litigios limítrofes, lo mismo en el 50% de los cantones y en el 85% de las parroquias, según informes de la Comisión Especial de Límites Internos de la República (Celir).

Y además de los conflictos de territorio, “el 73% de los cantones no cumple con los requisitos poblacionales”, dice el informe de la Celir que recalca que, según las normas legales, un cantón debe tener al menos 50 mil habitantes y 15 mil en sus cabeceras. Es más, la Celir incluso señala que estos cantones ni siquiera cumplen las condiciones para ser parroquia, por ejemplo, las zonas de Cevallos y Mocha (Tungurahua), El Pan, San Fernando y Guachapala (Azuay), El Tambo (Cañar) y otros.

Los problemas de límites se ahondaron entre 1980 y 1990, en que se produjo una fiebre de cantonizaciones en el país. En los últimos 15 años aumentó el 34% las ciudades en relación a las que existían desde la república. Si no hay una ley reguladora, la Celir pronostica una fiebre de provincializaciones.

En tanto, el dilema se profundiza hasta en los hogares, donde sus miembros carecen de un sentido de pertenencia que se evidencia en la vida diaria. Por ejemplo, en la casa de Consuelo Zambrano, en El Paraíso La Catorce (zona La Manga del Cura en disputa entre Guayas y Manabí), surgen dualidades. Ella quisiera pertenecer al Guayas, pero se siente comprometida con Manabí porque su partida docente es de esa provincia. Tiene cuatro hijos, dos estudian en Guayaquil y los otros dos en Chone. “Ojalá se defina esto algún día y pueda verlo”, dice.

Clara Rosado tiene pocas esperanzas de ver una solución, guayaquileña de nacimiento, lleva casi toda su vida de 65 años en El Paraíso La Catorce y cuando le preguntan a qué provincia pertenece ella responde: “a ningún lado, no hay un plano, somos del que da obras”.

A El Paraíso La Catorce se llega después de dos horas de viaje, pasando de la ciudad más próxima, Quevedo, por un camino rodeado de plantaciones de cacao, plátano y frutales. Ahí también hay de todo el doble.

En la intersección del mercado, el adoquinado de la calle Guayaquil lo puso Guayas y el de la calle Doce de Octubre lo colocó Manabí. El asfalto lo puso Los Ríos, que también disputa el área. Guayas tiene tres centros educativos y Manabí también. Hay dos iglesias, la de San Pedro y San Pablo por el Guayas y la de La Paz por Manabí. El Cuerpo de Bomberos lo creó Guayas y el subcentro de salud al igual que la Policía son obras de Manabí.

“Aquí es un comibebe”, dice Rolando Cobeña, comerciante con un  puesto en la esquina de las dos calles construidas por Guayas y Manabí. El miércoles pasado, un contratista del Municipio de El Empalme cavaba un pozo de 10 pulgadas para dar agua potable a un sector de El Paraíso La Catorce.

La indefinición también representa un problema en lo cívico y educativo. Por ejemplo, en otra zona no delimitada, Matilde Esther, entre los cantones de Bucay (Guayas) y Babahoyo (Los Ríos) los niños tienen plena conciencia del limbo territorial en el que se encuentran. Ahí, la mayoría, el 80%, son oriundos de Bolívar, pero se educan con textos donados por Bucay y con profesores cuyas partidas docentes corresponden a Los Ríos. Este es el caso del maestro Luis Guevara, educador del quinto año básico de la escuela Horacio Hidrovo.
“Nosotros les enseñamos a nuestros alumnos que se encuentran en una situación limítrofe no definida”, explica.

No tienen un cántico de la ciudad, tampoco de la provincia. En los actos cívicos del plantel solo entonan el Himno Nacional para evitar problemas. “Lo que podría ayudar a resolver el conflicto es un plebiscito, que le pregunten a la gente a dónde quieren pertenecer”, aconseja Guevara, docente por Los Ríos.

Mientras, la gente reclama agua potable, calles, carreteras y alcantarillado. Protestan contra el Municipio de Bucay (Guayas) porque no les envió los libros completos para la escuela y contra el Cabildo de Babahoyo (Los Ríos) porque está catastrando  predios para cobrar impuestos.

Detalles

Casos críticos
Las controversias limítrofes y jurisdiccionales más críticas, según el Celir,  están en los sectores de Las Golondrinas,  La Manga del Cura, El Piedrero, Abdón Calderón y Matilde Esther.

En el Oriente
Las provincias amazónicas de Sucumbíos y Orellana cuentan con todos sus límites definidos, las demás tienen aunque sea en pocos kilómetros alguna diferencia con la otra provincia.

Comisión limítrofe
La Comisión de Límites Internos la integran delegados del Ministerio de  Gobierno y de Obras Públicas, Oficina de Planificación de la Vicepresidencia, Instituto Geográfico Militar, INEC.

Población
Un cantón debe contar con al menos 50 mil habitantes y en su cabecera unos 10 mil. En cambio una parroquia debe tener un total de 10 mil y 2.000 en su cabecera, según la normativa vigente.